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Consumado el Brexit, ¿ahora qué?

"Sigue el culebrón. Y como todo culebrón que se precie el guión se escribe sobre la marcha, según la aceptación del público"

Foto: Alastair Grant | AP

Ya se consumó. El Brexit ha ocurrido. Tras tres años y medio de agónicas negociaciones y de un terrible de desgaste de las instituciones británicas, el Reino Unido ha abandonado la Unión Europea. Es la demostración de que ni las democracias más avanzadas y antiguas del planeta están a salvo de ser inoculadas con el virus del populismo nacionalista. Primero fue el Make America Great Again de Trump el que ganó. Ahora el Take Back Control de los partidarios de Brexit. Porque esa es la idea o la ilusión que se han hecho los británicos que hoy celebran lo ocurrido: recuperar el control sobre las fronteras, la inmigración, la economía, etc… en la era de…. ¿la globalización? Cuando ninguna de las tradicionales potencias económicas es ya lo que era, ni por su peso económico ni su peso militar, y cuando Asia ha triplicado su peso en el PIB mundial en tan sólo 40 años modificando el reparto de la influencia económica para siempre, el Reino Unido ha optado por regresar al refugio del Estado Nación y defender sus intereses en solitario. Y todo ello a consecuencia de un referéndum convocado por las razones equivocadas que permitió que una decisión de tal envergadura la tomara la gente corriente en uno de los países más respetados en el mundo por su democracia representativa. Todo un despropósito.

Pero de nada sirve lamentarse por la leche derramada, como dice el dicho inglés. ¿Ahora qué? El Reino Unido, liderado por el Gobierno de Boris Johnson, empoderado por la reciente mayoría absoluta conseguida en el Parlamento, ese que cerró cuando sabía que no podía doblegar su voto, es el encargado de negociar ahora todo con la UE. Desde cero. La futura relación política, comercial y jurídica del Reino Unido con los 27. Y en el plazo de un año, según se ha propuesto el ufano primer ministro. Ríanse ustedes de lo acontecido en los últimos tres años. Esto va en serio.

Se trata de la fastidiosa letra pequeña. La que atañe a las reglas que han de regir la nueva relación entre un ex estado miembro (desde 1973) y la Unión Europea, una situación sin precedentes en la historia del proyecto europeo. Así que sigue el culebrón. Y como todo culebrón que se precie el guión se escribe sobre la marcha, según la aceptación del público. Más aún si es la pulsión populista de Johnson y su Gobierno la que manda.

Así que por un lado tenemos a Ursula Von Der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, que ha dejado claro que si el Reino Unido quiere mantener su acceso libre de aranceles al mercado común tiene que cumplir con los estándares medioambientales, laborales, fiscales y de control de las ayudas públicas que se aplican a todas las empresas de la UE. No vaya a ser que quieran salir del mercado común para volver a tener acceso al mismo sin aranceles pero con todas las ventajas de tener autonomía sobre las mencionadas cuestiones. La Comisión ha sido tajante al respecto.

Por otro, están los desafiantes mensajes que lanza el ministro de Finanzas británico, Sajid Javid, que invita a las empresas a rebelarse contra reglas europeas. Sin entender que lo que necesitan estas es un claro marco legal al que adaptarse. Javid ha dicho que el Reino Unido no se plegará, no acatará las reglas, no estará en el mercado común ni en una unión aduanera y todo ello ocurrirá a final de año. Sin concesiones. Sin dejar un resquicio a la esperanza de que el Estado preste alguna ayuda a las industrias exportadoras que van a salir más perjudicadas por esa ruptura: farmacéutica, automovilística, alimentaria y de bebidas y la aeroespacial. Y les reprocha a las industrias que no se hayan adaptado pues sabían lo que iba a ocurrir desde 2016 ¿De verdad alguien sabía lo que iba a ocurrir en medio de ese caos institucional y de negociaciones y renegociaciones con la UE, de dimisiones y sucesión de elecciones?

Si esta es la agresiva apuesta del Gobierno Johnson de cara a las negociaciones con la UE y estas no concluyen en el periodo de transición de un año establecido, ¿significa que de nuevo la UE y el Reino Unido se verán resignados a aceptar un Brexit duro con todas sus dolorosas consecuencias económicas? Ese que las turbulentas negociaciones de los últimos tres años han tratado de evitar a toda costa. Sería cuanto menos paradójico, pero encajaría en el guión.

Porque ni en el mejor de los casos, con un Gobierno británico dispuesto a acatar las reglas para poder mantener su acceso libre de aranceles al mercado común, los técnicos de la UE, e incluso la propia Von Der Leyen, creen que las negociaciones puedan concluir en el plazo de un año, teniendo en cuenta los numerosas y particulares reglamentos que se aplican a cada industria y sector, por no hablar de la relación jurídica o de los acuerdos en defensa y seguridad. Es irrealista. Así que con un gobierno echado al monte como el del crecido Johnson, que se niega en principio a acatar ninguna regla, es inevitable temerse lo peor. Aunque muchos ven con alivio la consumación del Brexit, como si finalmente se hubiera despejado una incertidumbre, no es descartable que la fase que se abre ahora provoque aún más inestabilidad.

Aunque como en todo culebrón que se precie, el guión puede dar un giro radical de forma que Javid sea fulminado, acusado de extremista y traidor a la causa, y el hábil Boris recule y venda sin pestañear la necesidad de extender el plazo de un año y hacer una prórroga en sus negociaciones con la UE para mejor defender los intereses británicos. En las negociaciones del Brexit hubo tres extensiones en los plazos…. Es difícil creer que los lobbies detrás de las más importantes industrias británicas no se vayan a defender ante semejante atropello de sus intereses. Yo me decanto por la prórroga. Pero quién sabe. Ya lo decía el compositor Cole Porter, un maestro en reivindicar el gozo de la vida y un sabio a la hora de escribir canciones para escapar de las situaciones desagradables: Anything goes.

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