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Contra el periodismo cultural

Foto: EMILIO MORENATTI | AP

Hay una actitud común en el periodismo cultural que me parece que no encaja con lo que se entiende que es el género. Consiste en extender la lógica del periodismo político, que busca la rendición de cuentas de los políticos y denuncia la corrupción, al periodismo que no tiene generalmente esa intención. Hablo del periodismo cultural que en general se centra en hacer análisis de literatura y cine y cubrir la agenda de las novedades. Pero también me refiero a todo periodismo especializado, como el tecnológico o el de tendencias o el de deportes. En general son “periodismos” que van más allá de la idea orwelliana de que si no molestas no haces periodismo, sino propaganda: se puede hacer un excelente periodismo sin molestar. Las entrevistas, las crónicas culturales, los reportajes de autores, las críticas pueden ser buen periodismo. Pero bajo esta lógica de periodismo de denuncia lo que se busca es que alguien dimita, cuando quizá lo más atractivo del periodismo cultural, por ejemplo, es que es capaz de escapar a esa lógica (que a menudo puede cansar). Un ejemplo está con el caso de la corrupción de SGAE, pero hay innumerables casos en los que el periodismo especializado, en general el cultural, adopta una actitud investigadora o de periodismo político. Obviamente, los ministros y políticas y líderes culturales han de estar sujetos a una lógica de rendición de cuentas. El problema es que el periodismo cultural, y esto es una percepción personal, es a menudo periodismo político en el sector cultural.

Es una faceta más de la politización del periodismo cultural: a un escritor no se le pregunta sobre su libro sino sobre la última polémica política. Es un prescriptor cultural, social, moral. Es un político más, pero sin ser político. A veces da la sensación de que el periodista cultural que hace preguntas políticas se siente inferior y quiere jugar con los “mayores”: los reporteros y periodistas políticos que consiguen que un político dimita con sus investigaciones. Esto no significa que el periodismo cultural deba ser ajeno totalmente al contexto en el que se produce. Tampoco es una defensa de un periodismo complaciente y blanco. Hay quienes sostienen que la cultura no debería seguir lógicas de mercado o estar sujeta a cálculos económicos (una tesis bastante cuestionable). Pero es menos común la crítica al periodismo cultural como un periodismo político moralizante, donde lo que importa no es el producto cultural sino el comportamiento público de quien lo crea.

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