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Contra la libertad de expresión

Este autobús con la cara de Edward Snowden demuestra que la primera enmienda de la Constitución estadounidense protege en serio la libertad de expresión.

Este autobús con la cara de Edward Snowden demuestra que la primera enmienda de la Constitución estadounidense protege en serio la libertad de expresión.

En teoría todo el mundo está a favor de que la gente diga lo que le dé la gana, pero a la hora de la verdad muchos preferirían ver esta libertad un poquito recortada: unos ponen el límite en la negación del Holocausto y otros querrían prohibir la enunciación de ciertas ideas, que consideran terroristas. 

En España es impensable un anuncio semejante. La Teoría del Entorno de ETA, consagrada por la infausta Ley de Partidos, se concibió precisamente con el fin de ilegalizar no sólo a una organización terrorista, sino también a su entorno, es decir a las ideas de la banda. Y dentro de unas semanas, cuando entre en vigor la ley mordaza del ministro Fernández, la situación será peor.

Snowden es para el Gobierno de los Estados Unidos, y para muchos estadounidenses, algo peor que un terrorista; es un traidor que se aprovechó de la confianza otorgada por el Estado para revelar al enemigo secretos que han puesto en peligro, dicen, la vida de muchos funcionarios. Aun así, a nadie se le ha ocurrido prohibir el estampado de su cara en estos autobuses urbanos.

Pero el ejemplo más radical de esta defensa de la libertad de expresión sucedió en 2010, cuando uno de esos pastores tan genuinamente americanos anunció que iba a quemar en público un Corán. Hubo muchas presiones para que no lo hiciera, y estas maniobras consiguieron finalmente que el clérigo no ejecutara una ceremonia que habría sido contestada por los clérigos del otro lado. Pero a nadie se le pasó por la cabeza impedirle el ejercicio de su libertad, por delirante que fuera y por mucho que amenazara la estabilidad política internacional. 

 

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