Cristina Casabón

Contra la tiranía identitaria, humor

«El humor es lo contrario a la cultura de la indignación, o cancel culture; si nos preocupáramos menos por nuestras identidades o por estar creando universos morales, podríamos ser más libres y escépticos. 'Woke' es un libro de humor unido a una ironía feroz sobre el mundo identitario»

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Contra la tiranía identitaria, humor
Foto: Alberto Pezzali| AP Photo
Cristina Casabón

Cristina Casabón

Madrid, 1988. Profesora en la Universidad Carlos III. Articulista. El mundo como sustrato potencial de la ficción.

Titania McGrath es un personaje creado por el comediante Andrew Doyle para reírse de la brigada de indignación de la izquierda identitaria. Titania quiere enseñar a sus discípulos (así es como llama a sus seguidores) a ser conscientes de todas las injusticias que les rodean y salvarles de sí mismos. Se autodefine como «una poetisa interseccional radical comprometida con el feminismo, la justicia social y la protesta pacífica armada», una «indomable sabueso ecosexual persiguenazis». Doyle crea un personaje casi inverosímil que le permite llegar a donde no llega un análisis o una crítica, porque la risa nos libera y nos conecta con lo lúdico, que es lo contrario a la cultura woke; una lucha permanente contra enemigos invisibles, la estigmatizaron de tipos comunes o antihéroes.

Titania es una activista blanca de clase alta con afán moralizador, te enseña a discutir con quién no estás de acuerdo y cancelarlos, quitar sus máscaras para revelar al villano que está debajo, desarrollar una sensibilidad religiosa de salvación purificadora. Esta biblia para discípulos woke contiene un vocabulario lleno de códigos y unas pautas para definir una identidad progre unida a una superioridad moral: «No puedes ser woke sin defender la interseccionalidad. Es una palabra larga, puede que sea difícil de comprender para algunos de vosotros, especialmente si estudiasteis en un colegio público. O si sois de pueblo».

Cree que la idea de que las divisiones sociales se pueden «arreglar con un debate honesto está irremediablemente anticuada» y proclama la primacía de las emociones y de la «empatía» bajo el credo de que «mis sentimientos no se preocupan por sus hechos». Este carácter sentimental y antiintelectual para algunos ya es familiar, el libro es una parodia de un discurso entre agresivo y cursi que invade el debate en nuestras redes sociales. En la religión woke queda relegada toda voluntad de construir una ideología coherente con el pluralismo social, con sistemas e instituciones funcionales y sostenibles que construyan puentes y cohesión social.

El libro es una crítica introspectiva y psicológica que desarma el artificioso mundo woke, exige al lector una mínima preparación para comprender el nivel de retorcimiento mezclado con cursilería poética de todo ser modélico y perfecto, comprometido con la causa identitaria y penetrado de su propia importancia. Todo es ofensivo, los otros son monstruos colectivos animados por una perversidad diabólica. Todo aquello que se considera problemático debe ser expurgado para mantener una sociedad pura y sin defectos, acorde a sus reglas de civilidad.

Otro de los grandes temas de Woke es la capacidad de simulación del yo para crear una identidad ficticia. Si alguien se identifica con Napoleón, es Napoleón. Liddle escribió un artículo satírico en el Sunday Times titulado Me identifico como un chihuahua trans, joven, negro y la realidad se puede ir a paseo. Estamos hablando de un individuo transgénero, por supuesto, y quizás también transespecie. La filiación ideológica de este chihuahua no depende de la conciencia de clase o los intereses materiales, sino del drama de su incomprendida identidad. «De todos los problemas a los que se enfrenta la comunidad global hoy en día, sin duda este [la identidad] merece prioridad», dice McGrath.

Doyle también nos invita a parodiar al narcisismo progre que ahora mismo define movimientos sociales de la izquierda que aspiran a ser un ejemplo a seguir. ¿Su arma, aparte de Twitter? Panfletos políticos, poesía slam feminista, danza interpretativa, cerámica chamán y una petición por internet llamada «Algunos bebés son trans: supéralo». Para ser realmente woke hay que ser un ejemplo a seguir. Tanto en la apariencia como en la conducta. Y como dijo hace poco un adulador, «William Blake fue la Titania McGrath de su generación».

El humor es lo contrario a la cultura de la indignación, o cancel culture; si nos preocupáramos menos por nuestras identidades o por estar creando universos morales, podríamos ser más libres y escépticos. Woke es un libro de humor unido a una ironía feroz sobre el mundo identitario, que empuja a sus discípulos a vivir en un estado de estupidez embriagadora. Es unarma política, dirigida a los ciudadanos que están hartos de los discursos de pelmazos virtuosos que bajo su corrección política cacarean locos por culpabilizar, deplorar y castigar. Una comedia de la tragedia identitaria contemporánea que entiende la diversidad social como el repudio a los que se niegan a aprender la terminología correcta, imponer el uso de múltiples neopronombres a través de leyes enérgicas contra el discurso de odio y delatar a los que disientan para castigarles sin misericordia.

Los seguidores de la cultura woke podrían argumentar que es el resto de la sociedad está perdida en el vacío y no consigue desarrollar una identidad o  la autodefinición a través de la cultura y de una moral grupal. Y si eres una de esas personas que no sería feliz en su mundo woke, seguramente no merezcas ser feliz en cualquier caso, sentencia Titania. Como cualquier tirano, tiene la convicción inquebrantable de que solo ella está en el lado correcto de la historia, su libro favorito, como podéis imaginar es 1984 y le agradó descubrir que la sociedad descrita por Orwell no es una aterradora distopía, sino que en realidad «propone un par de ideas muy razonables».

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