Paula Corroto

Cortijo masculino

No son comentarios respetables, Gala. Son machistas. Sin más calificativos. Si te destituyen, que sea porque no has llegado a los objetivos. Lo demás, son puros prejuicios.

Opinión

Cortijo masculino

No son comentarios respetables, Gala. Son machistas. Sin más calificativos. Si te destituyen, que sea porque no has llegado a los objetivos. Lo demás, son puros prejuicios.

“Comentarios respetables”, dijo Gala León, la nueva capitana del equipo de Copa Davis después de conocer las críticas por su nombramiento. Muy suave, Gala. Has estado muy suave. “No es por ir contra ella, pero siempre que se pueda debe ser un hombre»; Tenemos una dificultad logística difícil de solventar: en los equipos de Copa Davis pasas mucho tiempo en el vestuario,con poca ropa,… No sé. Una mujer no deja de ser extraño que dirija al equipo en esta competición»; “el tenis tiene que estar liderado por gente que ha mamado y ha vivido el tenis. Con esta decisión se crea un cisma». Estas son sólo algunas de las perlas de tenistas como Fernando Verdasco, Tomás Carbonell o el entrenador de Rafa Nadal, Toni Nadal. Los vestuarios y la virilidad, y el colegueo; la capacidad de trabajo y la feminidad, y la incapacidad. Lo de siempre. Y eso no es discrepancia, es falta de respeto.

Lo curioso de este asunto es que los primeros exabruptos hicieron alusión al género de la nueva entrenadora. ¿Una mujer? Oh, cielos. Tras la sorpresa de propios y extraños llegaron los otros comentarios: No, no pasa nada porque sea una mujer, lo que ocurre es que no está preparada porque no conoce el circuito masculino. Un argumento que no sé si mejora lo dicho anteriormente.

Es de sobra conocido que multitud de equipos femeninos han sido y son dirigidos por hombres. Nadie ha dicho nunca una palabra más alta que otra. Ahí estaba Jesús Carballo, en la selección de gimnasia deportiva (con una no muy buena historia detrás). O Lucas Mondelo, en la de baloncesto. Sin embargo, es muy extraño encontrar a una mujer al frente de un equipo masculino. Que me nombren alguna en la primera división de fútbol, por ejemplo. Claro, porque parece lo normal. Porque es lo que tenemos asumido como normal. Demasiadas duchas.

Pero si de repente aparece una mujer, salta la liebre. Yo no sé si es una buena técnica o no. Si está preparada o no. Es más, si algún comentario hubiera ido en este sentido desde el principio, quizá nadie hubiera dudado, porque no alude a su condición femenina. El problema es que las primeras palabras estaban sintetizadas en el hecho de ser mujer y lo que produce es la sensación de que hay hombres –por supuesto, no todos- que no quieren ver un elemento extraño en su cortijo, en su pequeño reducto de bromas y colegueo. Que las mujeres estén a sus cosas y nosotros a lo nuestro, pero mandando.

Creo que este país tiene bastante superado este machismo anacrónico. Yo misma tengo jefes y jefas y mis compañeros asumen sin complejos a su superior femenina. Otra cosa es que sea una mala jefa o un mal jefe. Sin embargo, a veces surgen estos brotes, esta cosa de pandilla de chicos, que no sé si todavía sigue inscrita de alguna manera en un ADN marcado por cierto tipo de educación. Y no son comentarios respetables, Gala. Son machistas. Sin más calificativos. Si te destituyen, que sea porque no has llegado a los objetivos. Lo demás, son puros prejuicios.

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