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Cortocircuitos independentistas

Foto: Alberto EstevezPool | Reuters

Hay diferentes tipos de blanqueamiento de la xenofobia de Quim Torra, el nuevo president de la Generalitat de Cataluña. Está el clásico “y tú más”, de patio de colegio. ¿Qué pasa con la xenofobia de los otros? Lo difícil es encontrar ejemplos igual de repugnantes, claro, y de políticos contemporáneos con responsabilidad y poder como Torra. El “y tú más” ha tenido un buen reflejo en el hashtag #microespañolismos, en Twitter. Hay comentarios de gente agraviada por nimiedades, casos clarísimos de invent, historias totalmente fabricadas,  victimismo y virtue signalling. Está el caso de la chica que denunció con el hashtag que un español confundiera el catalán con el hebreo. También hay testimonios de catalanes o gallegos que se quejan de que la falta de comprensión de sus interlocutores: dije esto en catalán y no me entendieron. Buscan ser unos incomprendidos, para así poder ser víctimas.

Luego está el clásico argumento procesista de la “estrategia”. No se comenta la xenofobia de Torra sino el fallo de comunicación o propaganda política. Pero hombre, ¿cómo dices eso en público? No sirve a la causa. Es un argumento común de los independentistas pero también de los intelectuales finos del catalanismo, que no comparten el rupturismo o unilateralismo del procés pero sí su condescendencia y supremacismo contra los españoles.

También está el cortocircuito de la CUP, o del izquierdista demasiado ensimismado contra el fascismo simbólico y el racismo institucional que es incapaz de ver racismo explícito, en numerosos artículos; es incapaz de ver que no es un desliz o unos tuits sino una manera sistemática de pensar desde hace décadas. La CUP se abstuvo en la investidura de Torra porque aspira a un bien superior, que es la República. En el camino, se deja los valores que harían esa república mínimamente habitable y democrática.

Está también el de que piensa que la xenofobia de Torra no es xenofobia, sino que realmente su odio contra las “bestias” que odian el catalán está justificado porque responde a una xenofobia aún peor, anticatalana.

Otro interesante es el de aquellos que piensan que esto no es racismo porque el verdadero racismo es contra los negritos. Por eso se sorprenden de que la asociación SOS Racisme haya denunciado a Torra. El racismo, piensan, no lo puede ejercer un hombre blanco contra otro hombre blanco. Olvidan que Torra compara a los españoles y a los españoles del sur específicamente con árabes. Pero es que aunque fuera contra su vecino paradigmáticamente caucásico podría ser racismo: los nazis no necesitaron encontrar muchas diferencias visibles en los judíos para denigrarlos y reducirlos a bestias subhumanas.

Pero quizá el más interesante es el siguiente, que voy a reproducir. Es un ejemplo de cómo ha calado el victimismo matón del procés. Viene con blindaje incluido, y sigue la estrategia de acusar al adversario de lo que uno hace: “El supremacismo español acusa a los independentistas de supremacistas de la misma manera que blancos acusan de racistas a negros, de heteros que acusan a gays de oprimirles y de hombres que acusan mujeres de feminazis. Lo hacen para criminalizarles y conservar su supremacía.” Invertidos los roles de esta manera, el inmigrante de clase baja del extrarradio, como es español, es el opresor. El racista con dinero que no ha visto un pobre en su vida es la víctima.

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