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Crónica desde el lado oscuro

Foto: Juan Carlos Hidalgo | EFE

Me he pasado al mal llamado “lado oscuro”. Muchos periodistas calificamos así a los consultores políticos. Quizá porque la mayoría de las veces desconocemos su labor y la imperiosa necesidad de trabajar juntos. Ambos actores se necesitan. Ahora lo sé. En estos diez años como cronista política he observado que los pocos que se han acercado, enseguida los hemos calificado de “vendehumos”. Sobre todo, cuando matizaban lo pronunciado por su candidato para que la frase, un poco salida de contexto, no abriera portada al día siguiente. Ahora entiendo que para ellos la política es el arte de lo que no se ve. Son hombres y mujeres orquesta que, entre otros asuntos, aconsejan, tranquilizan, acompañan, apoyan y elaboran el mensaje-fuerza que presenta el candidato para ganar.

La imagen (mediática) que posiblemente tengan en mente es la de un grupo numeroso de asesores rodeando al candidato de turno, un “tiburón” de primera línea y gran conocedor de las entrañas políticas. Pero no siempre es así. También existe otra clase de personas que dan el paso al ver que nadie en todos estos años arregla sus problemas y los de su familia. Un candidato que no sabe lo que es un traje y lo más cercano que ha estado de un micrófono ha sido cuando ha ido al banco para solicitar un ingreso a través de un cristal.

Ya en el año 64 A.C., Cicerón pidió ayuda a su hermano Quinto para presentarse como candidato al Consulado y éste le redactó un breviario de campaña electoral con algunas pautas y recomendaciones que le permitieron ganar el favor de las centurias en el Campo de Marte. En la antigua Roma los candidatos eran conocidos por llevar la “toga cándida” que siempre era de color blanco, señal de honestidad, de cumplir la legalidad y de su aptitud para el puesto. -¡Qué tiempos!- Aunque sofismas -no confundir con sofistas- ha habido y habrá siempre. El cine y las series norteamericanas se han encargado de ejemplificárnoslo, por si no hemos tenido suficiente con algunos ejemplos actuales.

Hoy los políticos no usan toga pero siguen presentando sus candidaturas y son aclamados como si vinieran de gloriosas gestas. En realidad, alguno está en prisión y otros recién incorporados de una baja por cuidar a sus hijos, como lo pudo haber hecho Cicerón sin proclamarlo. Una parte muy importante de la labor del periodista consiste precisamente en filtrar la idea del eslogan; conocer el background del discurso, candidato o partido y tener nociones generales para fortalecer el relato. Desgraciadamente, la cultura de la inmediatez y el clickbait impiden en la mayoría de ocasiones que el periodista y su artículo brillen entre la jungla de scoops.

Ahora entiendo la importancia de colocar a Pablo Iglesias los adjetivos de “incómodo” y “nervioso” cuando apretaba con fuerza el capuchón del bolígrafo mientras explicaba al público la renta básica universal, esa que desapareció del programa de Podemos hasta el día de hoy. Comprendí en su momento la importancia que tuvo que muchos periodistas tacharan, en sus respectivos medios, a un candidato “del ala más radical” del partido. En ese momento perdió las primarias. Y entiendo ahora que Iglesias utilice en su relato la hegemonía de Laclau para engañar a los posibles votantes asegurando que la soberanía nacional no reside en el Parlamento. La importancia del relato y su construcción influyen. También cómo lo trasladen los medios posteriormente. Alberto Royo habla en su libro La sociedad gaseosa de la importancia de “engendrar ciudadanos carentes de capacidad crítica porque la reflexión es un obstáculo para el consumo”.

Nunca como hasta ahora habían tenido tanta importancia los gestos, la comunicación y el liderazgo. La necesidad de ganar votos lleva a los partidos a procrastinar los asuntos más espinosos. Y ante posibles fake news innecesarias en campaña, lo más provechoso para ambos sectores es una sana relación profesional. Dejar atrás las argucias y el cliché de que los periodistas desempeñan el papel de protagonistas, mientras que los consultores tienen que conformarse con estar “en el lado oscuro”.

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