María Ibañez y Jesús Jiménez

Cuando el pensamiento obliga a no comer

A algunos les cuesta creer que las personas que padecen delgadez extrema, o anorexia, porque se niegan a comer lo que realmente necesitan, en realidad sufren terriblemente.

Opinión

Cuando el pensamiento obliga a no comer

A algunos les cuesta creer que las personas que padecen delgadez extrema, o anorexia, porque se niegan a comer lo que realmente necesitan, en realidad sufren terriblemente.

Para muchos es incomprensible que una persona pueda dejar de comer, en apariencia voluntariamente, hasta morir de inanición.

Un respiro social

La decisión de la firma británica Rose&Willard de obligar a sus modelos a comer frente al personal quizá no sea la más acertada, pero se agradece que el sector comience a concienciarse respecto a este grave problema. Sería mejor que directamente no contrataran a personas con un índice de masa corporal que no sea saludable, como apunta la nueva ley que ha promulgado el gobierno francés para la Semana de la Moda de París.

Estas medidas favorecen la salud y la vida de esas modelos, pero también a miles de adolescentes que dejarían de ver en los medios un aspecto físico enfermizo a imitar, como canon de éxito y belleza. Éxito, que no es tal, a costa de la salud, y belleza que no se ve por ningún lado.

Pero ¿qué les pasa?

La persona que padece anorexia nerviosa (un trastorno alimentario psicológico) sufre una percepción distorsionada de su propio cuerpo. Las causas son, principalmente, la búsqueda de seguridad y valoración a través del aspecto físico, es decir, el miedo, terror, a sentirse inferior.

Creen que soportar semejantes privaciones para estar delgado es ser fuerte, y por tanto más valioso, lo que les hace sentir una falsa sensación de superioridad y por eso nunca les parezca suficiente. Es similar a una adicción. Pero la realidad es que están dominados por su miedo al menosprecio y carecen de voluntad.

En su lucha, su mente genera una voz interna que les va diciendo lo que pueden o no pueden comer. Se comparan mucho con los demás por el aspecto, y si se ven más «gordos o gordas» se sentirán inferiores, y su propio pensamiento les insultará, les castigará, pues sobretodo viven compitiendo consigo mismos/as.

Nunca reconocerán que están demasiado delgados, aunque en muchas ocasiones lo saben, por temor a que les obliguen a perder su delirante batalla.

Una paciente nos contaba angustiada como bajaba por la noche a escondidas al gimnasio de su casa y corría en la cinta, llorando desconsoladamente por no poderse controlar y parar.

¿Cuál es la solución?

No es suficiente con querer convencerles para que coman, pues tienen innumerables estrategias para evitarlo, incluido el vómito, decir que comen fuera, llevarse un bocadillo que luego no ingieren, tomar diuréticos, laxantes, o el ejercicio compulsivo para «quemar» lo ingerido.

Hay que ayudarles a entender que tienen un problema. Deben hacerse consciente de esa voz que les ordena, del miedo al rechazo de los demás, de la búsqueda de superioridad y de la auto-exigencia, del odio hacia su propio cuerpo y sus causas… Han de darse cuenta de que en realidad están dominados/as por sus miedos y hay que enseñarles a resolverlos.

Es un conflicto complejo, pero tiene solución.

 

 

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