Rafael Palacios

Cuando la igualdad se convierte en el mal

¿Qué podemos esperar si llevan 40 años intentando convencernos de que el Hombre es igual a la Mujer y deben comportarse de la misma manera! ¡Aún a costa de su evidentes diferencias químicas, biológicas y hormonales!

Opinión

Cuando la igualdad se convierte en el mal

¿Qué podemos esperar si llevan 40 años intentando convencernos de que el Hombre es igual a la Mujer y deben comportarse de la misma manera! ¡Aún a costa de su evidentes diferencias químicas, biológicas y hormonales!

Los gatos se estresan porque sus dueños esperan que se comporten como perros; según el doctor Bradshaw, esto les ocasiona dermatitis y cistitis. Esto me recuerda a la fábula de “Babe, el cerdito valiente” que pretendía inocular en el inconsciente colectivo el error de la naturaleza de haber creado a un cerdito, que en realidad tenía alma de perro pastor. De ahí a la actual inoculada moda de la transexualidad, un paso: en medio de una civilización sin valor alguno (más que la mentira), la gente huye de su naturaleza intentando encontrar en su Ser la razón de su infelicidad, que es lo mismo que huir de Dios, claro, sin reconocer que es la mentira imperante, precisamente, la razón de todas las infelicidades.

Y los gatos se estresan, claro: sus enajenados amos les piden que sean tan sumisos y previsibles como un perro cuando están delante de un felino, un ser anarquista… ¡Por Naturaleza!

¿Qué podemos esperar si llevan 40 años intentando convencernos de que el Hombre es igual a la Mujer y deben comportarse de la misma manera! ¡Aún a costa de su evidentes diferencias químicas, biológicas y hormonales!

Los fanáticos defensores de la religión marxista colocaron el valor de la igualdad como “la doctrina suprema” en la creencia de que toda igualdad es buena cuando la realidad es que el único valor de la igualdad se produce cuando todos somos iguales ante la Ley, sin importar el dinero que tengamos: cuando “la igualdad” se utiliza para coaccionarnos para comportarnos uniformemente, sin respetar nuestras diferencias en función del sexo o nuestros diferentes talentos, la “religión de la igualdad” se convierte en la peor de las opresiones, la peor de las tiranías.

Por eso gran parte de nuestras depresiones, de nuestros problemas psicosomáticos y la evidente huida actual del encuentro entre los dos sexos.

Y de ahí a la violencia imperante, un paso: cuando la ideología aberrante se quiere imponer a la Naturaleza, surge la violencia porque no respetan lo que somos. Como el perro y el gato, vaya.

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