Gabriel González-Andrio

Cuando Rafa ya no esté

Hay toda una generación que ha vivido los éxitos deportivos de nuestro país como si siempre hubiera sido así. No saben la de veces que los españolitos nos hemos ido a la cama con lágrimas y rabia por haber jugado como nunca y haber perdido como siempre.

Opinión

Cuando Rafa ya no esté

Hay toda una generación que ha vivido los éxitos deportivos de nuestro país como si siempre hubiera sido así. No saben la de veces que los españolitos nos hemos ido a la cama con lágrimas y rabia por haber jugado como nunca y haber perdido como siempre.

Hay toda una generación que ha vivido los éxitos deportivos de nuestro país como si siempre hubiera sido así. No son conscientes de que estamos ante una cosecha irrepetible en deportes como el fútbol, baloncesto, motor o tenis. No saben la de veces que los españolitos nos hemos ido a la cama con lágrimas y rabia por haber jugado como nunca y haber perdido como siempre.

Pero ese limbo en el que están instalados no va a durar toda la vida. Porque los Casillas, Márquez, Gasol o Nadal no son clonables. Siempre nos quedará la duda sobre si ya estarán en gestación otras estrellas.

Ha empezado una nueve edición de Roland Garros. Todos los medios asisten expectantes en París para ver si Rafa Nadal es capaz de superar los ocho títulos. Si lo consigue, nos parecerá normal. Si cae (con las botas puestas, eso sí) lo achacaremos a sus lesiones de rodilla, el cansancio acumulado,  la lluvia o el estado del plátano que se comió. Se nos olvida que Rafa es humano, no es RoboCop.

Sin embargo, pase lo que pase, deberíamos ser conscientes de que Rafa un día ya no estará, su físico dirá basta y dejaremos de verle en el circuito de la ATP. Ojalá estemos aún muy lejos de esa fecha de caducidad, pero le llegará como a todos. Entonces seremos capaces de poner las cosas en su sitio y nos daremos cuenta de que nos habíamos acostumbrado a tener un extrateterrestre entre nosotros.

Pero sólo en lo deportivo, claro. Porque Rafa es ante todo una persona sencilla, íntegra, coherente y con unos valores que ya nos gustaría para nuestra juventud. No ha necesitado mucho marketing. Es una gran marca personal. Será difícil que nazca otro igual. Mientras tanto, vamos a disfrutarlo. ¡Y a por la novena!

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