Marcos Ondarra

Cuatro vicepresidentas

«Cuatro vicepresidentas, una por cada millón de parados. España estalla de júbilo»

Opinión

Cuatro vicepresidentas
Foto: Juan Carlos Hidalgo| EFE
Marcos Ondarra

Marcos Ondarra

Licenciado en Periodismo y Filosofía. Colaborador en distintos medios. Enemigo de la corrección política y defensor de la tradición como fuente de riquezas.

Los muertos sin contar, los millones de parados, las vacunas que no llegan, las menores tuteladas de Baleares, las mascarillas en la playa, las infamias de Marlaska…

Cuántas son las cosas sobre las que podríamos escribir, pero que pasan a un segundo plano cuando Pedro Sánchez, plenipotenciario del feminismo por la gracia de Iván Redondo, anuncia a bombo y platillo que España es el primer país del mundo en gozar de cuatro vicepresidentas.

Lo anteriormente enumerado preocuparía a los españoles, escandalizaría a la televisiones y hasta provocaría dimisiones en un Gobierno decente, pero resulta que tenemos cuatro vicepresidentas y sería un micromachismo desviar de ellas la atención en la vorágine de sus días grandes.

Así lo ha entendido Cintora, siempre presto a atribuir nuestras miserias a Ayuso con monigotes bailongos y algún que otro error de rotulación que le perdonamos por Semana Santa.

Cuatro vicepresidentas. Esa y no otra es la noticia de la semana, del mes y de cuanto tiempo quiera Redondo regodearse ante todos nosotros. Ya dijo Benedetti que la propaganda es una formidable vendedora de sueños ajenos, y por eso las charos celebran el hito como propio.

Nos vende Sánchez/Redondo (elijan su aventura) que tener cuatro mujeres en la Vicepresidencia es motivo de festejo nacional, síntoma inequívoco de progreso y firme candidatura a mayor logro de la civilización occidental. Eso porque Margaret Thatcher, Esperanza Aguirre o Soraya Sáez de Santamaría eran de derechas y ya sabemos que no computan.

Cuatro vicepresidentas, párense a apreciarlo. Todas ellas con labores superpuestas y una misma consigna: relativizar la crisis, azuzar el fantasma de la ultraderecha e interpretar los malos datos macroeconómicos con superchería feminista y perspectiva de género.

Nótese que la gesta ha sido propiciada por Iglesias, a quien hay que reconocerle su altruismo y su vocación por estar en todos los fregados. El ínclito ha ido a la capital a combatir el fascismo, que en su imaginario pasa por confinar a los madrileños, subir sus impuestos y cerrar hospitales públicos.

Iglesias ve gigantes entre molinos. Por eso se ha encarado con un pobre diablo para el onanismo tuitero de Echenique, que asegura que nadie jamás había sostenido así la mirada al fascismo. ¡Ni Stauffenberg!

Pero no perdamos el foco y volvamos a ellas, que es fácil distraerse con Él cuando se trata de Podemos y nuestras probas ministras no necesitan de paternalismos para hacer frente a la extrema derecha (sic).

Ese y no otro será el empeño de Carmen, Teresa, Nadia y Yolanda: defender los derechos de las mujeres y su cuota en el Gobierno. Si España es puntera en paro femenino es a pesar de las cuatro y porque el país necesita insistir en políticas con el sello de Calvo Poyato.

Celebrar a nuestras cuatro vicepresidentas es el enésimo triunfo de las identity politics, un pleno al quince sanchista y el/la PSOE state of mind (es género fluido) en fase última y dialéctica.

Cuatro vicepresidentas, una por cada millón de parados. España estalla de júbilo.

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