Cesar Cidraque Llovet

Cuestión de matiz

No es lo mismo estar solo que sentirse desolado. Puede parecer un matiz lingüístico sin importancia, pero la diferencia es significativa dado que a menudo confundimos ambos conceptos.

Opinión

Cuestión de matiz

No es lo mismo estar solo que sentirse desolado. Puede parecer un matiz lingüístico sin importancia, pero la diferencia es significativa dado que a menudo confundimos ambos conceptos.

No es lo mismo estar solo que sentirse desolado. Puede parecer un matiz lingüístico sin importancia, pero la diferencia es significativa dado que a menudo confundimos ambos conceptos. El lenguaje determina nuestro pensamiento, y nuestra forma de pensar marca nuestra forma de actuar. Nuestros actos definen nuestro carácter, y es nuestro carácter el que traza nuestro camino vital. Cualquier matiz, en un principio, puede parecer insignificante. Como si dos barcos parten de un mismo puerto, uno en una dirección y el otro orientado tan sólo unos grados más a la izquierda (a babor). Inicialmente parecerá que se dirijan en la misma dirección, pero ¿qué ocurrirá kilómetros después?

Estar solo no es bueno ni es malo. Son muchas las ocasiones en las que elegimos la soledad para realizar alguna actividad. Por ejemplo: salir a correr, leer un libro, bailar y cantar en la habitación, ver una serie, pintar… y no hay nada deprimente en ello. Ahora bien, cuando nuestras necesidades de compartir, de conectar, de dar y recibir afecto, de comunicarnos (y otras tantas) se ven descubiertas, aparecen sentimientos desagradables. Tristeza, nostalgia, apatía, desgana…una mezcla que traducimos como desolación.

¿Y entonces qué? Entonces puedes hacer algo para cubrir esas necesidades. Algo concreto, directo y realizable. No sirve decir: “A partir de ahora voy a ser más abierto y más amable”. No. Tiene que ser algo concreto: “En cuanto acabe de comer voy a llamar a x para preguntarle si quiere quedar esta tarde”. “El lunes, cuando llegue a casa después del trabajo, voy a buscar un grupo excursionista al que apuntarme”. O un coro, o un taller de cocina. Lo que te guste. Lo importante es dejar de esperar y pasar a la acción.

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