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De amor sí se muere

Observar lo evidente desde un prisma subjetivo permite conclusiones que a simple vista se empolvan. Estas chicas son supervivientes de una felonía: del secuestro realizado por los terroristas de Boko Haram en Nigeria hace meses.

Observar lo evidente desde un prisma subjetivo permite conclusiones que a simple vista se empolvan. Estas chicas son supervivientes de una felonía: del secuestro realizado por los terroristas de Boko Haram en Nigeria hace meses, de cuya órbita apenas logran escapar algunas con cuentagotas.

Desde entonces once padres han fallecido, entre otras por “causas emocionales”; conclusión: el dolor mata. Así, en negrita y sin ambages. Hoy por hoy resulta tan indiscutible como los ciclos lunares y pertenece a nuestra ingeniera emocional, como ellos a la de las mareas. La anquilosada idea de que el sufrimiento gravita en la esfera íntima y allí deber ser confinado, es irreal. Peor, un desprecio a la ciencia que avanza en diseñar un mapa de nuestro cerebro donde se prevea lo nocivo de algunos sentimientos, frente a lo curativo de otros; no existe oncólogo que dude sobre la influencia de la voluntad del enfermo y la positiva gestión de sus emociones en el proceso de curación.

No se trata de milagros ajenos al dogma, sino de la ciencia de lo intangible. Puede que haya que mudar el lenguaje, ese tan peyorativo que asimila emocional a sensible. Admitido.Las emociones engordan, adelgazan, sanan o enferman. Nos envenenan y, desgraciadamente, nos matan. Así, un dolor enquistado en el tiempo dinamita el sistema inmunológico de quien lo sufre y una trágica noticia revienta su corazón. Y esto deben de saberlo quienes nos gobiernan, porque llevan años torturándonos con mensajes negativos que tienen a nuestras defensas por los suelos. Gustarán de sociedades enfermas y votantes deprimidos, de lo contrario sería tan nula su inteligencia emocional que les haría indignos de sus cargos.Nos morimos de dolor, de amor o desamor.  

O podemos morir de pena. Desangrados o “deslagrimados”; secos de tanto llorar. En suma, somos lo que sentimos. 

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