Gabriel González-Andrio

De darse la mano a abrirla

Soy uno de los que han escuchado los 48 minutos del discurso de Raúl Castro en la pasada VII Cumbre de las Américas.

Opinión

De darse la mano a abrirla

Soy uno de los que han escuchado los 48 minutos del discurso de Raúl Castro en la pasada VII Cumbre de las Américas.

Soy uno de los que han escuchado los 48 minutos del discurso de  en la pasada VII Cumbre de las Américas. En principio, los organizadores le habían dado 8 minutos, pero estábamos en un momento histórico y se abrió la mano. El mandatario cubano habló de la historia de la isla, su lucha por la independencia pese al acoso invasor, etc.

También hizo un guiño a Barack Obama alabando su origen humilde y su humanidad. La puesta en escenea era perfecta. Todo estaba milimétricamente calculado, fotografía incluida con el apretón de manos. Al otro lado de la mesa estaba un Nicolás Maduro en segundo plano, pese al incienso recibido en el discurso de Castro.

Los observadores internacionales se felicitan por el histórico acercamiento entre dos países enfrentados, con embargo incluido. Algunas voces dicen que la visita de Juan Pablo II (hoy santo) a la isla y sus conversaciones con Fidel fueron el inicio de todo lo que hoy vemos. El Vaticano siempre ha sido favorable a una vuelta al diálogo.

Sea como fuere ahora le toca mover ficha a Raúl. En su tablero quedan temas tan delicados como los presos políticos, la represión, los exiliados (y las propiedades que les expropiaron), la falta de libertades, etc. La apertura económica es un paso necesario, pero con esto no basta. La dinastía Castro sabe perfectamente que todos tienen que ceder en esta partida.

Pero es la propia sociedad cubana la que tiene que promover este cambio tras años de inmovilismo. Es el momento, no cabe duda. Queda mucho por hacer y el gobierno cubano ya no puede dar marcha atrás. Hay que pasar de los gestos a los hechos.

Como decía Winston Churchill “valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar”. Ergo, vamos por buen camino.

Ya se dieron la mano, ahora hay que abrirla.

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