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De la audacia pasiva al 19 de Brumario

Pedro Sánchez "planteó un falso dilema tratando de equiparar dos conceptos parecidos, pero bien diferentes: gobierno y gobernabilidad"

Foto: Bernat Armangue | AP

El diccionario define audacia como osadía y atrevimiento. Son atributos necesarios para encaramarse a la tribuna del Congreso y solicitar su confianza. La votación del jueves nos recordó que la audacia es necesaria, pero no suficiente.

Conseguir la investidura de un presidente del Gobierno es una empresa de marca mayor y parece impensable que alguien se atreva a hacerlo a puerta fría, sin la garantía del apoyo de una mayoría o de al menos una suma suficiente.

Para superar esta investidura el candidato ha optado por la audacia pasiva, es decir, acudir sin mucho entusiasmo y escudado en un único argumento: o me hacéis presidente o seréis los culpables de volver a votar en noviembre.

A medio camino entre la abulia, el regate y la extorsión. En definitiva, planteó un falso dilema tratando de equiparar dos conceptos parecidos, pero bien diferentes: gobierno y gobernabilidad.

Durante estos últimos tres meses esa audacia pasiva ha ido evolucionando. La indolencia de las primeras semanas dio paso al baile desbocado de pujas y contraofertas de los últimos días. Como en la fábula de los dos conejos, debatiendo hasta el final si esos ministerios eran galgos o podencos. Incluso alguna de esas subastas se hizo desde la propia tribuna del hemiciclo, la grotesca versión de una negociación con luz y taquígrafos.

El bautizado como reloj de la democracia se puso en marcha mientras los españoles veíamos cómo uno arrastra los pies y el otro siempre cree que es poco el azúcar para esa píldora que os dan.

Los principales responsables de este primer fracaso confían en desactivar el mecanismo del reloj antes de finales de septiembre, cuando se produzca la convocatoria automática. Saben que si vuelven a fracasar los votantes están observando con la libreta y tendrán que saber imponer su narrativa de la culpa.

Ya tenemos unos primeros números que nos dan una temperatura inicial de quién es identificado como el mayor culpable de una eventual repetición. Metroscopia ha preguntado qué partido sería el mayor responsable si esto sucediera. El 31% piensa que es el PSOE, el 20% Ciudadanos y el 17% Unidas Podemos. PP y VOX quedan orillados con un 6% y 2%, respectivamente. En términos de bloques los partidos de izquierda acumulan el 48% de las respuestas y los de derechas el 28%.

Nadie sabe lo que pasará en esta eventual segunda vuelta, pero este primer dato pone de relieve la primera gran amenaza para los partidos de izquierda. En plena narrativa de la culpa parece que la abstención les podría afectar mucho más.

Una abstención diferencial en este sentido provocará un reequilibrio de los bloques en el reparto de escaños. No es difícil ya que en abril con los mismos votos el bloque de la derecha obtuvo 15 escaños menos.

En las pasadas elecciones el bloque de izquierdas convirtió sus votos en escaños de manera mucho más eficiente que los partidos del otro bloque. Por cuantificar, la izquierda tuvo 1,9 millones de votos que no servían para transformar en escaños, mientras que ese mismo número en el bloque de la derecha fue de 2,7 millones de votos.

Pero cuidado con precipitarse en las conclusiones, ya que en este sistema de reparto las reglas de tres no siempre funcionan. Algunos en Podemos todavía andan sorprendidos cuando ven cómo con la mitad de los votos del PSOE consiguen solo un tercio de sus escaños.

El próximo 10 de noviembre, 19 de Brumario en el calendario republicano, no se celebran unas elecciones, sino 52 diferentes. Esta afirmación sirve para todas las elecciones generales, pero adquiere una mayor importancia en el caso de la repetición.

El argumento de la culpa de la repetición y el voto táctico parece que pesará más que los programas y propuestas que hagan los partidos. En esa narrativa sabemos que la música de la culpa va por barrios y no suena de la misma manera en todas las regiones.

La batalla territorial, provincia a provincia, será decisiva si nos vuelven a convocar a las urnas. Eso ya lo aprendimos en las elecciones de 2016 y ahora parece que la historia se repite.

Algunos pueden tener la tentación de pensar que la cosa será como fue, pero quizá haya que recordar ese inicio en el 18 de Brumario de Luis Bonaparte: “Todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces (…) una vez como tragedia y la otra como farsa“​.

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