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De la felicidad a la realidad

Abrías la portada de ELMUNDO.es y ahí estaban -en la última etapa, la ‘pública’, de su cautiverio- las fotos de Javier Espinosa y de Ricardo García Vilanova con la mención de los días de secuestro que llevaban.

Abrías la portada de ELMUNDO.es y ahí estaban -en la última etapa, la ‘pública’, de su cautiverio- las fotos de Javier Espinosa y de Ricardo García Vilanova con la mención de los días de secuestro que llevaban. Se te encogía el corazón. Aunque no hablemos mucho de ello, los veteranos de este periódico tenemos lacerantemente presente que en tres años, de 2000 a 2003, unos asesinos etarras, unos maleantes afganos y un misil iraquí habían acabado con las vidas de nuestros compañeros José Luis López de Lacalle, Julio Fuentes y Julio Anguita Parrado. Y no queremos, por nada del mundo, que se añadan nuevos nombres a esa terrible lista de mártires de este extraño oficio en el que intentas conocer y contar a tus conciudadanos cosas que otros pretenden mantener ocultas.

Llegó el día 194 y, con él, la esperada noticia de la liberación de los dos periodistas en la frontera entre Siria y Turquía. Una alegría enorme en el periódico, y el domingo las redes sociales crepitaban con las fotos de Javier y Ricardo abrazando a los suyos.

Ahora que acaba bien la historia, uno no puede evitar, probablemente por deformación profesional, subrayar ciertas paradojas. Alguna, positiva: todos están de acuerdo en que la guerra civil siria, convertida en un matadero en el que la vida humana ya no tiene ningún valor y a los fanáticos de todas las facciones les trae al pairo la información que llegue al mundo, es quizá la primera en la que va a ser imposible mantener a corresponsales sobre el terreno, y pese a ello, de ese infierno nos han vuelto vivos nuestros compañeros. Algunas, negativas: cuando en todo el mundo los medios informativos se debilitan y desaparecen porque la gente moderna prefiere la desinformación barata, el aturdimiento de internet, a la información relevante, e inevitablemente costosa, ¿cuántos de los que celebraban en Twitter el fausto evento están dispuestos a pagar unas monedas por leer, en papel o en pantalla, la primera crónica que publique Espinosa? Poquitos…

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