Jesus H. Cifuentes

De la mano

Vivimos en tiempos de desencuentro y soledad en los que las almas han optado por buscarse a través de Internet. Y, sobre todo, los usuarios de “cierta edad”, que ya prefieren ir a tiro hecho y no perder el tiempo en coqueteos romanticones, dado que el amor de momento, no hay empresa que lo fabrique.

Opinión

De la mano

Vivimos en tiempos de desencuentro y soledad en los que las almas han optado por buscarse a través de Internet. Y, sobre todo, los usuarios de “cierta edad”, que ya prefieren ir a tiro hecho y no perder el tiempo en coqueteos romanticones, dado que el amor de momento, no hay empresa que lo fabrique.

Vivimos en tiempos de desencuentro y soledad en los que las almas han optado por buscarse a través de Internet, mediante páginas de contactos que han florecido con más expansión que la gripe. Y, sobre todo, los usuarios de “cierta edad”, que ya prefieren ir a tiro hecho y no perder el tiempo en coqueteos romanticones, dado que el amor de momento, no hay empresa que lo fabrique.

Luego está lo de quedar para echar un polvo, pero eso es otra historia bien diferente.
Pero como todavía hay esperanza en el ser humano, dado que el amor sobrevuela muy por encima de nosotros, y hace de los corazones lo que quiere; las miradas y las emociones que la química de nuestro cuerpo genera en el enamoramiento aún siguen trabajando y forman parte de nuestra naturaleza, por suerte.

Por eso me he quedado fascinado con la historia de esos dos esqueletos que han hallado en la capilla de Saint Morrell, que podría haber sido utilizada como lugar de peregrinación en el pueblo de Hallaton, en Leicestershire (centro de Inglaterra), durante el siglo XIV. Llevan 700 años entrelazados, cogidos de la mano.

Los arqueólogos no tienen una idea clara de por qué están enterrados ahí, aunque flota la teoría de que fuese por su condición de “criminales, enfermos o extranjeros”.

De cualquier modo, cualquiera de los calificativos anteriores eleva a esta pareja de esqueletos a la condición fascinante de héroes, dado su gesto imperturbable de enamorados ante todo, ante la adversidad, ante la enfermedad, ante la pobreza…

Nada que ver con la majadería de la ostentosidad. Ahora resulta que han creado una nueva red social “solo para ricos” que se llama “Netropolitan”. Ya tienen su espacio virtual, aunque en realidad siempre lo han tenido, porque del mundo real saben bien poco.

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