Irene Cacabelos

De la revolución a la resignación

"España no es Grecia". Es el mantra con el que terminó Zapatero su segunda legislatura y con el que aterrizó Mariano Rajoy en la Moncloa. Probablemente ha sido el único objetivo común de ambos presidentes ante la comunidad internacional.

Opinión

De la revolución a la resignación

«España no es Grecia». Es el mantra con el que terminó Zapatero su segunda legislatura y con el que aterrizó Mariano Rajoy en la Moncloa. Probablemente ha sido el único objetivo común de ambos presidentes ante la comunidad internacional.

«España no es Grecia». Es el mantra con el que terminó Zapatero su segunda legislatura y con el que aterrizó Mariano Rajoy en La Moncloa. Probablemente ha sido el único objetivo común de ambos presidentes ante la comunidad internacional. Demostrar que nuestro país nada tenía que ver con esa  nación mediterránea que se consumía lentamente  en un «rescate» que parecía más bien un billete sin retorno al suicidio nacional.

Poco sabíamos hasta entonces de nuestros vecinos helenos, más allá de las bondades de su yoghourt, de lo pintoresco del sirtaki, de de la belleza de los arenales de Mikonos o de la inmortalidad de la Acrópolis.

Era paradójico ver como la cuna de la civilización occidental amenazaba con convertirse en su propia tumba. Durante muchos meses fue más que una amenaza. Europa estaba enferma, el tratamiento sería doloroso y los griegos los primeros en probarlo. Los demás, veríamos los efectos de la cirujía a través de la mampara. Una especie de «pon las barbas a remojar» que  aló, aunque muchos no hayamos sido conscientes.

Dos años después, las calles de Atenas ya no rugen. De la revolución se ha pasado a la resignación, aunque las huellas de esa pelea contra el correctivo económico perduran en cada ángulo de la capital griega. 

«Bienvenidos a la civilización del miedo , reza uno de los muros que vemos retratados en el especial Grecia de The Objective. Y así es. La semilla del miedo germinó en Grecia , sus efectos han sido devastadores pero el resultado parece compensar a Europa y sobre todo a Ángela Merkel, que esta misma semana se animaba a dar una  palmadita en la espalda a los dirigentes griegos mientras siguen aplicando con obediencia la receta comunitaria. 

El espejo heleno continúa surtiendo efecto y tiene múltiples aplicaciones. De hecho en el ecuador de la legislatura el «no rescate» a España es prácticamente el único trofeo que puede exhibir Mariano Rajoy ante sus decepcionados votantes. 

«Al menos no hemos sido rescatados», «la cosa podría ser mucho peor», «mira como están los griegos»… y así, casi sin darnos cuenta han pasado dos años. El fantasma del rescate ha sido exorcizado , el del miedo y la resignación han venido para quedarse.  

 

 

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