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De nuevo, día 1 después de Sánchez

"El presidente del Gobierno ha establecido el frame, el marco. Y su tanque de pensamiento intenta que aparezca en cada sesión congresual como un hombre nuevo"

Foto: Ballesteros | EFE

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha establecido el frame, el marco. Y su tanque de pensamiento intenta que aparezca en cada sesión congresual como un hombre nuevo, hecho por las circunstancias y aliviado de sus compromisos y de su cambiante “interpretación de la verdad” por estas mismas circunstancias, que dictan el indulto de su pasado.

Cada día, podría decirse, es, siempre, “Día 1 d.S.” (después de Sánchez).

Pablo Casado se esforzaba en detallar los incumplimientos del Gobierno, en relacionar a este gabinete —de menos traza aún— con el desastre de Zapatero, con el plan de recortes de 2010, el patrocinio del comunismo, la prolongación injustificada del estado de alarma y el uso del lenguaje como un tentáculo de la ingeniería social. Pero el presidente Sánchez se ofreció en su respuesta con una voz-lexatín y por momentos pareció entonar a algún poeta muerto. Así ignoró las andanadas de Casado y salió sin daños. Decir 27.000 fallecidos, imprevisión, negligencia o corralito en un mismo párrafo parecería suficiente para demostrar las debilidades del Gobierno. El presidente, sin embargo, interpretó a don Tancredo, apeló a la unidad, a la necesidad de reconstrucción, se contuvo y devolvió el guante al líder del PP. Fue apenas un saludo con el capote. Poco más.

Acto seguido, Aitor Esteban (PNV) salió a quejarse de que no le gustaba la expresión “nueva normalidad” (y lo que escondía de matute). Y Pedro Sánchez le dio la razón sin encogerse ni sonrojarse, pero lo justificó por la necesidad de condicionar, de controlar, a la ciudadanía. En este punto, y para el presidente, todo encaja. “A mí me suena a serie de televisión norteamericana”, decía Esteban. En términos prácticos, el PNV es como Claudette Colbert en La octava mujer de Barba Azul: capaz de entrar en unos grandes almacenes, toparse con un desconocido y acordar la compra a medias de un pijama: los pantalones para uno y la parte de arriba para otro. Tras el PNV, intervino Matute, el de verdad, el de Bildu, haciendo una loa al progresismo y llamando (¡atiza!) a encerrar a las derechas. Será en un Parque Jurásico, entre velocirraptores, tironosaurios y tripceratops. Sánchez, que está probando si Ciudadanos es ahora el ruiseñor de la mañana, se mostró también generoso con Matute y le cantó la canción de la igualdad de género, de la transición ecológica justa, del progresismo y otras expresiones impolutas. Luego perdió pie y dijo: “Una pandemia que por primera vez no solo ha golpeado a España; también al conjunto del mundo”. Así se escribe la historia.

Comentario aparte merece el cruce entre Álvarez de Toledo y la respuesta de la vicepresidenta Calvo. La portavoz del PP amasa sus intervenciones, secuencia la actuación del Gobierno, recita el guion y propone desenmascarar la gestión con datos. Así lo preparó, en su estilo, y así lo hizo contra Calvo, encargada de la comisión ministerial para prevenir y combatir el coronavirus. La vicepresidenta expuso el número de reuniones y las medidas tomadas. En la respuesta, la política popular pareció demostrar que no había habido tales reuniones y que Calvo había tenido tiempo, en cambio, para las más varias actividades. Pero la socialista demostró retórica y, con la voz todavía lastrada por las consecuencias de la enfermedad, indagó en su última réplica en la personalidad de Álvarez de Toledo: “La democracia es también cooperación y colaboración, (...) a usted le resulta tan difícil (comprenderlo) en su marco mental que ni en estos momentos es capaz de coincidir en algo conmigo. ¿Qué pasaría si usted descubriera que la democracia no nos legitima para este enfrentamiento cuando nuestro país pasa por donde pasa? ¿Qué le pasaría a usted, señora Álvarez de Toledo, si encontrara que en algo coincide conmigo? Se descompondría todo su marco mental, pero yo le diré lo que pasaría en mi caso: estaría mucho más tranquila porque ambas seríamos más útiles para España”. Fue una buena ráfaga.

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