Nuria Val

De Sol a Núñez de Balboa

"En Moncloa saben muy bien la que se les viene encima como consecuencia de la crisis del coronavirus. Hasta el momento, los datos económicos publicados han sido una caricia en comparación con los que se publicarán en pleno julio y no hablemos ya en octubre"

Opinión

De Sol a Núñez de Balboa
Foto: Fernando Villar
Nuria Val

Nuria Val

Periodista. Reflexiono a partir de la intrahistoria política. Dame un buen libro en la montaña. En constante aprendizaje.

Han pasado 9 años del 15M y la expresión social de la crisis económica y política que se viene ha cambiado de color y de barrio. De la madrileña Puerta del Sol a la Plaza de Callao hay cinco minutos andando para coger el metro. Solo cinco paradas separan a esta plaza de la calle Núñez de Balboa. El mismo número de meses que faltan para que se dé “un otoño caliente” lleno de movilizaciones, según alertan informes de las fuerzas de seguridad. Al principio dijeron que eran “cuatro pijos”, pero las protestas se han extendido por el resto de ciudades de España y el asunto preocupa entre algunos miembros del Gobierno.

En Moncloa saben muy bien la que se les viene encima como consecuencia de la crisis del coronavirus. Hasta el momento, los datos económicos publicados han sido una caricia en comparación con los que se publicarán en pleno julio y no hablemos ya en octubre. Por eso, la fecha clave para el Gobierno es finales de junio. Mes en que el presidente busca que finalice la quinta prórroga del estado de alarma, pero también la prórroga de los Ertes, la comisión de reconstrucción del Congreso y comiencen las vacaciones parlamentarias.

Si la oposición en bloque no impide que julio y agosto sean inhábiles subrayando el carácter extraordinario de esta crisis, el Gobierno quedará exento de rendir cuentas en el Parlamento al no haber sesiones de control. Lo que supondría tirar de la Diputación Permanente y un menor desgaste para Sánchez tras la publicación en julio de los datos del paro y la subida del PIB situando a España a unos niveles nunca vistos desde la Gran Depresión. Es el caldo de cultivo perfecto para las protestas, que tímidamente comienzan con el movimiento de las cacerolas.

Desde varios partidos coinciden en que todo dependerá de la gestión que realice el Gobierno y las medidas que se consensuen para intentar paliar la crisis, también desde Bruselas. Lo que no esconden desde Moncloa es que “los datos económicos serán pésimos en octubre” y se escudan asegurando que “también lo serán a nivel mundial”. A estas cifras en otoño se podría unir un posible rebrote, como ya anticipan algunos expertos. Por eso, el PNV metió prisa a Sánchez para celebrar las elecciones cuanto antes.

La cuarta prórroga del estado de alarma salió gracias al acuerdo del Gobierno con los vascos para introducir en el decreto un párrafo, a modo de cláusula, que permitiese celebrar los comicios, pese al estado de alarma. Esto también beneficia a Feijóo, que ya estaba al tanto de todo. Así, Galicia y País Vasco celebrarán sus comicios en julio. “El clima de crispación en otoño podría ser inasumible”, desvela un cargo del PNV. Parece que el puzzle va encajando en el Gobierno y si busca no rendir cuentas, las elecciones autonómicas en julio desviarán aún más la atención.

Poner en valor las ideas

El presidente y otros políticos como Iñigo Errejón están aprovechando el confinamiento para ver series, en este caso Baron Noir. Un thriller político francés a medio camino entre House of Cards y la política española. La principal idea que miembros del PSOE están sacando consiste en “poner en valor las ideas” y “cuidar al equipo”. Justo la segunda puso Sánchez en práctica este sábado, en su ya habitual comparecencia del fin de semana. El presidente trató de enmendar el error de su ministro Garzón ensalzando la importancia del turismo en nuestro país y quiso zanjar la polémica de la desescalada nombrando a Illa como mando único a la vez que ‘templaba gaitas’ con sus socios nacionalistas -PNV y ERC- con aquello de la “cogobernanza”, para que le aprueben la quinta prórroga del estado de alarma.

Con el corto plazo controlado, el Gobierno ya trabaja en las posibles medidas a adoptar tras el estado de alarma. Según las fuentes consultadas, preocupan y mucho las futuras medidas económicas, que también deberán salir del consenso entre partidos en la mesa de reconstrucción. Los cercanos a Sánchez aseguran que la fase de no comunicar al resto ya es ‘agua pasada’ y se centran en “marcar perfil propio creando un espacio de colaboración”. Escenificar una responsabilidad compartida y orillar los temas que dividen para no crear más división en las calles.

El ritmo acelerado de los cambios adelanta a las instituciones y también a nuestra capacidad de concebir las nuevas realidades. Aprendemos del pasado y la actual crisis nos fuerza a hacerlo del futuro. Nuestro sistema político tiende al cortoplacismo cuando demanda una estrategia de anticipación para resolver las crisis antes de que se produzcan.

El Gobierno mira al retrovisor del estallido social y teme un “otoño caliente”. Mientras Sánchez intenta asentar su liderazgo, Casado aprovecha su debilidad y exhibe tono duro. Todavía sin ser consciente de que la ciudadanía le reclama hechos y no palabras y que una abstención no es lo mismo que un “no es no”. Esta vez, parece, que será distinto. Mientras, Abascal lo tiene claro e intenta capitalizar el malestar social. Al tiempo que Ciudadanos sigue buscando su lugar en el mundo y Pablo Iglesias ya efectúa pequeños movimientos para seguir al frente de su partido y esconder la cabeza en el Gobierno, que se quemen otros.

Han pasado 9 años y mucha gente se siente atrapada entre dos crisis. El otoño también traerá la judicialización de la pandemia y ya se intenta adivinar el grado de conflictividad que esto generará. El Gobierno tiene cinco meses para actuar. De Sol a Núñez de Balboa. Cinco paradas de metro distancian una realidad pasada a otra que podría comenzar.

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