Víctor de la Serna

De una salida dura, ¿a la nuestra?

En la hora de los desmanes populistas en todo el mundo, Johnson acaba de alzarse –o rebajarse- a la altura de un Trump

Opinión

De una salida dura, ¿a la nuestra?
Foto: Markus Schreiber
Víctor de la Serna

Víctor de la Serna

Periodista generalista a la antigua usanza, ha acabado especializándose en comunicación, cocina, vinos, baloncesto y las calles de Madrid.

Gran Bretaña no tiene una Constitución escrita, lo cual sin duda facilita maniobras pasmosas como la de Boris Johnson abriendo el Parlamento unos pocos días para inmediatamente cerrarlo a cal y canto e impedir así toda maniobra legislativa contra su salida traumática y salvaje de la Unión Europea el 31 de octubre. Pero la Constitución no escrita del país pionero de la democracia representativa en Europa –no olvidemos que el Parlamento británico es ocho decenios más antiguo que el norteamericano y el francés- ha tenido siempre un peso enorme en la vida política del Reino Unido y ha inspirado la democratización de toda Europa. Por eso el gesto autoritario, casi despótico, de Johnson –algo a lo que ni pensaron en recurrir una Margaret Thatcher o un Tony Blair en sus momentos de mayor dificultad- ha causado tan honda impresión, tanta indignación y tanta incertidumbre. En la hora de los desmanes populistas en todo el mundo, Johnson acaba de alzarse –o rebajarse- a la altura de un Trump.​

No es una locura. Pese a sus calculadas excentricidades, Johnson no es un loco. Es un tramposo certificado. No es una mera anécdota la historia de su debut profesional en el que fue su oficio, el de periodista: duró seis meses en The Times hasta que lo despidieron tras comprobar que prácticamente todos los reportajes que había firmado eran invenciones. Por hacer algo parecido, en Estados Unidos cayó un oprobio eterno sobre Janet Cooke (The Washington Post) y Jayson Blair (The New York Times). En su caso, fue la antesala de una brillante carrera profesional y política.​

Estamos en la era de los falsarios de la política, los inventores de currículos y doctorados, los incompetentes que se refugian en la inacción durante sus años de cómodo mandato. En Europa, en América y en las escasas democracias asiáticas. Una ciudadanía cada vez más presa de esos hackers de las ideas y de la realidad que manipulan desde las inmensas redes de internet, sigue los mensajes y los relatos más que los hechos comprobables. La caída del guindo, como la que quizá se produzca en Gran Bretaña, llega tarde. Y en este caso, cuando se confirme el casi inevitable Brexit duro del fullero Johnson, las consecuencias durarán decenios en Europa.​

Lo de España parece quedarse tamañito ante el golpe de mano (¿o golpe de Estado?) británico. Pero, desde Elda hasta Huarte, desde Barcelona hasta Felanitx, estamos asistiendo a los prolegómenos de nuestra propia salida dura. Nuestra salida de España.​

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