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Deberes

“Todo es según el color / del cristal con que se mira”, escribe Ramón de Campoamor en esta letrilla ingenua y asonantada con la que nos introduce en uno de los signos de la contemporaneidad: el relativismo. De aquí, y en adelante, esta corriente ha sido la dominante en nuestro tiempo. De Campoamor a Jarabe de Palo. Depende, de qué depende. Es muy probable que la intención del poeta, de cuyo estilo pocas interpretaciones podemos elucubrar, dado el realismo de su obra, no fuese de tal envergadura, y que el propósito de este poema no buscara tales cotas de profundidad y de filosofía. A lo sumo, ingenio.

Lo que sí tengo claro es que –y perdón por el yoísmo- jamás hubiese comenzado esta breve nota con la ayuda de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (CEAPA). Y es que esta confederación, organización que se presume, al menos con ese apodo, nutrida y numerosa, ha convocado una curiosa huelga: ausencia de deberes en casa. Sí, CEAPA invita a que los padres, tutores, profesores y niños hagan huelga en contra de los deberes.

No sé el resto, lo desconozco, pero si algo tengo que agradecer a la escuela es el concepto del deber, de la obligación, de la responsabilidad. Una idea que, en niños y adolescentes, toma cuerpo en los deberes, es obvio. Sin el ejercicio del deber, el hombre es un ser vacío, incompleto, hueco. El deber, o mejor dicho, el cumplimiento del deber, es uno de los pilares de la libertad; es decir, de un valor sin el que la persona –al menos en sentido ético y político- se anula. Con el deber alcanzamos el aprendizaje, el conocimiento, la asimilación de nuestras capacidades, de nuestros límites. No se trata de inflar las horas de estudio con naderías y ejercicios inútiles, pero tampoco de inculcar a un niño en que evadir el deber es tan sencillo como decir no, pues hasta para ejercitar los antagónicos derechos, como este de huelga, son necesarios los deberes.

La sociedad se articula en torno al deber, al compromiso, a los plazos. Y es sano que así sea. En la obligación casi siempre está la otra parte, el contrario. Mejor: la consideración al contrario. ¿Y no es también ese respeto un síntoma de educación? Lanzo la pregunta. Y nos ponemos, claro está, deberes.

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