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Decir adiós para quedarse

Foto: ANDER GILLENEA | AFP

En esta disolución por fascículos, ETA acaba de publicar su “declaración final al Pueblo Vasco”. La gramática del documento es más infame que la moral de la banda terrorista. Y hasta hacen gala de alguna que otra falta ortográfica. ETA da por concluida su “actividad política”. El eufemismo está logrado y se cuenta solo. Pero ETA dice adiós para quedarse. Los etarras consideran que, si bien ha concluido un ciclo y su función “liberadora”, seguirán con su lucha “responsable y honesta”. Cada uno, eso sí, en el lugar que decida. Y es que el “conflicto” continúa hasta que consigan sus objetivos. Por cierto, un “conflicto” que enfrenta a Euskal Herria “contra los estados”. Parece que todos: los habidos y por haber. Lo que se contradice con su esperanza de construir un “Estado Vasco”. ETA dice adiós porque los “estados”, léase España, están débiles y temerosos. Y aún querrán que los felicitemos.

“ETA surgió de este pueblo y ahora se disuelve en él”. ETA dice adiós para quedarse y nos marcan el camino. Hay que materializar el derecho a decidir. Porque a demócratas no les gana nadie. Sin embargo, solamente tienen una obsesión: lograr el triunfo definitivo de Humpty Dumpty en el País Vasco, aquello de que “cuando yo empleo una palabra significa lo que yo quiero que signifique… ¡ni más ni menos!”. La sinécdoque identitaria se mantiene en un monólogo amañado que será replicado por neutrales corresponsales extranjeros y corresponsables locales. Los etarras hablan a todo el “Pueblo Vasco”, al auténtico, al que hay que escribir en mayúsculas. ¿Pero a quién se están refiriendo realmente? Pues a ellos mismos y a los que son como ellos. El resto hace tiempo que somos dueños de nuestro propio futuro de libertad y dignidad. Déjenme que termine esta nota de urgencia con una cita de Ralph W. Emerson, “esta conformidad los hace falsos no en aspectos particulares, autores de unas pocas mentiras, sino falsos en todos los aspectos. Ninguna de sus verdades es verdadera… de modo que cada palabra que nos dicen nos pesa y no sabemos dónde empezar a corregirlos”. Esta carga no es neutra. Detrás de cada una de sus miserables palabras está el peso de 853 muertos, miles de heridos y millones de amenazados.

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