Aloma Rodríguez

Dejad que los jóvenes se acerquen a mí

Es cierto que el nivel de distracción es mayor ahora, o mejor dicho, las tentaciones están más al alcance de la mano. Pero también la información. Y en cualquier caso, eso no solo afecta a los jóvenes.

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Dejad que los jóvenes se acerquen a mí
Foto: Charl van Rooy
Aloma Rodríguez

Aloma Rodríguez

Licenciada en Filología Hispánica. Ha publicado "París tres", "Jóvenes y guapos", "Solo si te mueves" y "Los idiotas prefieren la montaña", todos en Xordica. Es miembro de la redacción española de Letras Libres y colabora con diferentes medios.

La semana pasada se hizo viral el texto que un profesor uruguayo publicó en su blog en 2015 en el que se despedía de la docencia universitaria en la carrera de periodismo. Se hizo viral sin que se especificaran esos detalles, que ha publicado El País. Nadie se puso en contacto con el profesor hasta hace unos días. Fue tuiteada por gente, muchos periodistas, escandalizados por lo que contaba el profesor en el texto: que estaba harto de luchar contra los teléfonos móviles de sus alumnos, una ventana al mundo, a la hiperconexión y al ya más absoluto. Curiosamente, esos mismos periodistas obviaron el hecho de que el texto se publicaba sin permiso del autor y sin contexto. Era demasiado tentador: el tono derrotista del maestro, la culpabilización de internet y las redes sociales y la crítica a la juventud. Además de la visión apocalíptica de la profesión. Nada más atractivo que un futuro negro.

Es cierto que el nivel de distracción es mayor ahora, o mejor dicho, las tentaciones están más al alcance de la mano. Pero también la información. Y en cualquier caso, eso no solo afecta a los jóvenes. Esas críticas suelen olvidar que la juventud es un mal que, en todo caso, se cura con el tiempo y que todos hemos pasado por ahí. Como canta Franco Battiato, “Viva la juventud / que afortunadamente pasa / sin muchos problemas”. Cuando era más joven era más segura, sabía menos y creía que era mucho mejor de lo que creo que soy ahora. Puede que tuviera menos miedo y que creyera que el mundo me debía algo. Hice sufrir a profesores, seguro, porque creía que su trabajo era motivarme. Puede que hiciera feliz a algún otro por mi motivación y mi entusiasmo. Ahora tengo miedo, mis inseguridades crecen y me pesa más lo que sé que no sé que lo que sé que sé.

Tampoco es de antesdeayer la moda del desprecio a los jóvenes, aunque hoy sea más fácil y rápido usando solo un sustantivo, millennial. “Los jóvenes de hoy han perdido el respeto a los mayores, no saben lo que es la educación y carecen de toda moral”, dice la cita atribuida a Aristóteles. Uno de los motores del mundo sea el enfrentamiento generacional. Pero echo de menos, entre otras muchas cosas, a Félix Romeo porque organizaba grupos intergeneracionales. Nunca trataba con paternalismo a los más jóvenes ni con servilismo a los más mayores, y eso no siempre generaba situaciones cómodas, es verdad. Pero propiciaba que la poesía completa de José Antonio Labordeta apareciera en la editorial del entonces editor más joven de Aragón. El ímpetu de la juventud es un buen complemento de la experiencia y la serenidad de la madurez, por muy de moda que esté decir lo contrario.

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