Eugenio Fouz

Dejar morir la luz

Ayer por la noche no era capaz de dormir por culpa de un café tomado a deshora. Pensativo como estaba, miraba el techo del dormitorio mientras rememoraba la estampa de una madre con su hija en brazos que caminaba de espaldas a la nada.

Opinión

Dejar morir la luz
Eugenio Fouz

Eugenio Fouz

Netizen poet & blogger; profesor de Inglés. Soy twitter-adicto.

Ayer por la noche no era capaz de dormir por culpa de un café tomado a deshora. Pensativo como estaba, miraba el techo del dormitorio mientras rememoraba la estampa de una madre con su hija en brazos que caminaba de espaldas a la nada.

Ayer por la noche no era capaz de dormir por culpa de un café tomado a deshora. Pensativo como estaba, miraba el techo del dormitorio mientras rememoraba la estampa de una madre con su hija en brazos que caminaba de espaldas a la nada. Sin querer redactaba en mi cabeza este escrito nocturno conmovido por una imagen y una noticia.

Marco Djurica con su instantánea casi logra un oxímoron impensable al ofrecer a quien mire y sepa ver esta “escritura de luz” a partir de la oscuridad. El objetivo del artista capta la desolación de los prófugos que huyen de una guerra mediante el binomio universal de la madre y el hijo (en este caso, hija). El fotógrafo sitúa a las dos protagonistas del drama a un lado y llena de vacío el resto de la composición. Lo que queda al fondo del cuadro es lo que no vemos. 

El pie de foto de “The Objective” habla de la diáspora de miles de refugiados sirios que, perseguidos por el hambre, la sed y el cansancio sobreviven como pueden a diario. Piense lo que significa dejar atrás el país de uno, la lengua y la cultura. Imagine lo que siente una madre despierta al amanecer sin techo con su hija asustada y dormida en su regazo. Soñar todos los días el mismo sueño y desesperarse porque el final de la pesadilla no existe. Imagine lo que debe de ser no ser libre. 

La luz elige qué mostrar y qué ocultar. La fotografía de Djurica me recordó al cuadro de Georges de La Tour del niño que alumbra el rostro de su padre con una vela y difumina sin desprecio, de forma progresiva, la intensidad de luz sobre el fondo de la estancia hasta dejarla morir.

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