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Dejen salir antes de entrar

Los últimos días de clase, justo antes de empezar las vacaciones de verano, lo normal era volver a casa soñando despierto. Uno escribía sus planes sin necesidad de bolígrafo sobre las páginas en blanco de los meses de julio y agosto. Estos dos meses eran los meses más largos del año. La mayoría de los chavales de mi edad sabía que vería a Tarzán en la pantalla, pasaría una temporada en la playa, se aburriría a ratos, jugaría a la Oca y al Parchís y lograría ser más o menos feliz.

Johnny Weissmüller era el mejor tarzán de todos. Él era el más fuerte y el amigo de los monos. Weissmüller vivía en la selva más profunda confraternizando con los animales salvajes de tal manera que los chavales nos creímos que hablaba con las bestias. El caso es que él también se lo creyó y no pudo salir de su personaje.

Los entendidos de cine dicen que cierta clase de actores pasa por situaciones complejas durante un tiempo antes de rodar una historia para meterse en la piel de un personaje. Saben que un buen actor ha de prepararse a conciencia. Quienes estamos al otro lado de ese espejo que es el cine -los espectadores- nos dejamos llevar. Nosotros confundimos fácilmente los dos mundos. Por tanto, no sería nada extraño oír comentarios insultantes o elogios de parte de gente como usted y como yo referidos a personas del espectáculo que hacen su papel en el cine.

El actor británico Daniel Day-Lewis anuncia su retirada del séptimo arte. El hombre que nos engañó a todos haciéndonos creer que era minusválido, homosexual, presidente o granjero confiesa su incapacidad para desprenderse de los personajes que interpreta. La genialidad de un actor se reconoce en estos detalles.

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