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Del adiós del PP al dilema de Rivera

Pedro Sánchez volverá a ser presidente del Gobierno de España

Foto: Javier Lizon | EFE

Pedro Sánchez volverá a ser presidente del Gobierno de España. El PSOE prácticamente duplica en escaños al Partido Popular, que ha reducido a la mitad los 137 asientos logrados en las elecciones de 2016. Es el peor resultado electoral de su historia. Por lo tanto, la noticia de la noche no es la victoria anunciada del PSOE, sino el desmoronamiento del partido que en tres décadas no había bajado de los cien escaños, congregando a todo votante a la derecha del PSOE.

Hace escasamente tres años se hablaba del posible sorpasso en la izquierda, y hoy el PSOE saca casi cien escaños a Unidos Podemos. Tras una serie imprevisible de acontecimientos, Pedro Sánchez ha resucitado al PSOE justo en el momento en que el voto de la derecha comenzaba a diluirse en tres siglas distintas. En las filas del PP seguramente se pregunten dónde estarían ahora si Mariano Rajoy hubiera decidido abortar la moción de censura presentado su dimisión. No lo hizo, y Pedro Sánchez ha instrumentalizado inteligentemente sus diez meses al frente del Ejecutivo para recuperar la confianza perdida en su partido.

El votante de derechas se preguntará también por el papel de Vox. La chulesca e incendiaria extrema derecha sólo ha servido para movilizar a la izquierda y dividir el voto conservador. Lo único positivo de su presencia en el hemiciclo es que los rufianes discutirán, por fin, con alguien de similar mezquindad ideológica y altura intelectual.

El escrutinio final aporta otro dato de relevante: el PP ha obtenido un escaño en Cataluña, Ciudadanos, cinco. Ninguno tiene representación por el País Vasco. De esta manera, el PSOE es el único partido constitucionalista que se mantiene ampliamente arraigado en todo el territorio nacional. Es un dato sobre el que hay que reflexionar: si España cae en ese proceso de desintegración que algunos auguran, el PSOE será el único ancla que conserve el constitucionalismo.

Y ahora llega el momento de los pactos. La posición más complicada es la de Ciudadanos: en sus manos está que, por primera vez desde 1993, el PSOE pueda gobernar sin llamar a las puertas del nacionalismo. Pero si Albert Rivera no reconsidera su «no es no» a Pedro Sánchez, este buscará apoyos entre los nacionalistas, al no bastar la suma con Podemos.

Rivera ha olido la sangre en el PP y será difícil que renuncie a consolidarse como líder de la oposición, especialmente ante un gobierno de Sánchez aupado por Podemos y el nacionalismo. Seguramente, Ciudadanos no hubiera sumado tantos escaños de no insistir durante la campaña en la imposibilidad de ese pacto, por eso no me atrevo a considerar la estrategia una equivocación. Pero, ¿qué sucede ahora? Me cuesta creer que el electorado de Ciudadanos prefiera ver a Sánchez negociando con Junqueras, aunque entiendo que contribuir a la investidura de Sánchez podría resultar un balón de oxígeno para un PP agonizante. Veremos si el patriotismo aflora, ahora que tanta falta hace.

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