Natalia Angulo Haynes

Delito ser pobre

La aparición de unos clavos metálicos anti-indigentes de unos cinco centímetros delante del portal del número 118 de la calle Southwark Bridge, en el sur de Londres, ha desatado el escándalo y la polémica disparando las críticas mundiales en las redes sociales.

Opinión

Delito ser pobre

La aparición de unos clavos metálicos anti-indigentes de unos cinco centímetros delante del portal del número 118 de la calle Southwark Bridge, en el sur de Londres, ha desatado el escándalo y la polémica disparando las críticas mundiales en las redes sociales.

La aparición de unos clavos metálicos anti-indigentes de unos cinco centímetros delante del portal del número 118 de la calle Southwark Bridge, en el sur de Londres, ha desatado el escándalo y la polémica disparando las críticas mundiales en las redes sociales. Estos clavos colocados en la puerta de un bloque de viviendas que cuestan alrededor de 600.000 euros, supuestamente estaban destinados a disuadir y evitar que los «homeless» pasasen la noche resguardados en el portal pero han tenido una repercusión inmediata desatando la indignación social.

Siete días después de su instalación ya se habían reunido 130.000 firmas para quitarlos y se habían organizado protestas delante de un céntrico establecimiento de los supermercados Tesco, que al parecer ha instalado en su entrada clavos similares. En este caso, un portavoz de Tesco ha indicado que estos pinchos no son para disuadir a indigentes sino para «evitar que la gente despliegue un comportamiento antisocial, como fumar y beber fuera de nuestra tienda, lo que puede intimidar a los clientes», pero la cadena de supermercados anunció el jueves que iba a retirar estas puntas de sus filiales debido a la presión y quejas.

Jacqui McCluskey, directora de comunicación de Homeless Link, organización de ayuda a indigentes, afirmó que la «inhumana» moda «difícilmente ayudará a abordar el problema del creciente número de personas forzadas a dormir en la calle», exigiendo junto a varios políticos y otras ONG británicos su retirada inmediata.

El alcalde de Londres, Boris Johnson, mostró su horror ante la iniciativa a la que califica de «iniciativa estúpida», atribuida a los promotores inmobiliarios del edificio, Residential Partners Ltd., que de momento no ha hecho declaraciones. Por su parte, el secretario de Estado de Vivienda, Kris Hopkins la calificó de «deplorable».

No solo es una medida cruel y terrible contra los indigentes que de alguna forma deben resguardarse de las gélidas temperaturas en el invierno londinense para no morir congelados, es que también es contraria al sentido común ya que unos clavos de hierro en el suelo pueden ocasionar terribles lesiones a un niño despistado o a un anciano que tuviese el infortunio de caerse sobre ellos.
Y aún así, no es la primera vez que esta medida se pone de moda. En la ciudad de Guangzhou (China) se instalaron hace dos años debajo de los puentes donde solían dormir los vagabundos. La medida también fue duramente criticada y provocó mucha polémica por la crueldad de la situación. Vivimos en un primer mundo en el que somos ciegos y sordos a los llantos de aquellos que no tienen pan para comer ni techo para cobijarse.

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