Juan Milián

Demasiada niebla

"El Reino Unido se va, y duele, pero seguirá siendo un referente para entender lo que nos pasa"

Opinión

Demasiada niebla
Foto: Francisco Seco
Juan Milián

Juan Milián

Morellano del 81. Politólogo y político. Procesólogo por obligación, mediterráneo por vocación. He escrito algún libro.

Se consuma el Brexit. Nunca antes un país había abandonado la Unión Europea. El leave ganó por un estrecho margen. Y uno empieza ya a sentir nostalgia, porque el Reino Unido era sociedad abierta y libertad. Era un contrapunto necesario al monstruo burocrático. El carácter inglés se impuso al británico. Y uno quiere entender, y vuelve a releer algunas páginas de Pompa y circunstancia, ese monumental homenaje a la cultura inglesa del más anglófilo de todos nosotros, Ignacio Peyró. Recuperando a Augusto Assía, Peyró encuentra en Inglaterra un cúmulo de contradicciones: “El país más liberal y el más conservador, el de mayor privacidad y mayor número de expatriados y viajeros, una tierra a la vez religiosa y heterodoxa, un sistema con rasgos aristocráticos y democráticos, un pueblo obediente y disciplinado —¡esas colas!—, pero siempre celoso de su libertad individual”. El país más liberal y el más conservador… cómo no enamorarse de él.

Assía, por su parte, fue el único periodista español en el Londres de la Segunda Guerra Mundial. Sus crónicas, recopiladas en Cuando yunque, yunque y Cuando martillo, martillo, nos ofrecen una mirada analítica y profunda de la sociedad británica de entonces. “La niebla le enseña a adoptar a uno una actitud escéptica, zumbona y paciente”. Pero, ay, el sano escepticismo degeneró en desconfianza durante las últimas décadas. El Reino Unido no estaba aislado de los fenómenos globales, evidentemente. Ya hemos explicado mil veces las causas del populismo. Sin embargo, no esperábamos que fuera esa sociedad, la del sabio reformismo y el mejor parlamentarismo, la que cayera en la trampa plebiscitaria. Demasiada niebla. Décadas de amarillismo. Prácticamente nadie se dedicó a desarticular la posverdad. Y cuando David Cameron practicó balconing político con un referéndum frívolo e irresponsable, ya no quedaba verdad.

La identidad se anteponía a todo. Como señala Ricardo Dudda en La verdad de la tribu, el del Brexit “fue un voto expresivo y en clave cultural, nada instrumental, que canalizó una supuesta ira reprimida durante años: estamos hartos de la corrección política de las élites cosmopolitas y globalistas”. La izquierda y la derecha se han quebrado en toda Europa. Y emerge una nueva fractura social que redefinirá las estrategias y los principios de todos los partidos políticos. Boris Johnson, el primer ministro que va a gestionar este periodo de transición, se mueve como pez en el agua de esta nueva era política. Atrae a los más humildes, mientras el laborismo se instala en un radicalismo ciego. Es infinitamente más inteligente de lo que nuestra prensa progre muestra. En fin, el Reino Unido se va, y duele, pero seguirá siendo un referente para entender lo que nos pasa. Tampoco estamos para dar lecciones a nadie.

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