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Democracia sin política

Una de las grandes brechas que dividen Europa es la que separa a los cosmopolitas y globalistas de los nacionalistas y provincianos. En el Brexit se dio con especial virulencia, incluso dentro del gobierno de Cameron. En un excelente artículo en The London Review of Books sobre Theresa May y el ministerio de Interior (Home Office), el periodista William Davies escribe: “El Home Office se ha identificado como la voz de la clase trabajadora en Whitehall [una metonimia del gobierno británico], y se siente minusvalorado por la élite de Oxbridge en Downing Street y el Tesoro […] Los ministros de interior ven el mundo en términos hobbesianos, como un lugar peligroso y aterrador.”

Davies explica que el partido conservador se divide entre los que creen en un “Estado protector”, como May, y los que defienden un Estado neoliberal, como el ex canciller de Hacienda George Osborne, al que May acusó de no tener inteligencia emocional. El Estado neoliberal habla de las “hard working families”, el Estado protector defiende a la “gente ordinaria”.

Según el periodista del Observer Nick Cohen, el partido conservador es una alianza entre snobs y mobs. Los primeros son la cabeza, los segundos el músculo. Cohen cree que, “al igual que Carlos I, Theresa May está intentando gobernar sin el parlamento”: tiene a sus espaldas la voluntad popular, a la gente ordinaria, que votó en junio por recuperar la soberanía, sea lo que sea esta. La soberanía, en cambio, reside en el parlamento.

La indignación del gobierno tras la decisión judicial de que el Brexit ha de ser votado por el parlamento es sorprendente, pero encaja con la idea de Estado protector de May: la primera ministra quiere proteger a la ciudadanía de la política, como si esta fuera un estorbo para la democracia real (Spoiler: no pueden vivir una sin la otra). Como explica un editorial del diario Guardian, “es un principio fundamental de la democracia británica que el parlamento es soberano. No el gobierno. No la camarilla ejecutiva y autoseleccionada dentro de él. Desde luego no esta primera ministra, que carece de un mandato personal [no ha sido votada en unas elecciones]. El poder soberano reside en nuestro parlamento elegido y representativo.”

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