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Democracia y bondad

Quien no crea en la igualdad de la mujer, no es machista, es mala persona. Esto no solo lo digo yo, lo dice mucha gente muchísimo mejor que yo. Esto lo dicen las buenas personas. 

Todos somos un poco machistas, un poco racistas, un poco cabrones. Lo somos mucho o poco, por cultura, ignorancia, inercia, rabia o pereza. A veces, por rendición, pero el machismo, el racismo, la emoción primitiva, no es lo que nos convierte en buenos o malos. Son las acciones que van asociadas a esos sentimientos. Una acción mala es la de no apoyar la igualdad de la mujer, minando su lucha con odios y peros, insultos  e indignaciones en forma de artículo de prensa, mensaje tuitero, anónimos en redes. Estas acciones insolidarias, de puesta en práctica del machismo, nos convierten en peores personas. 

En la bondad hay comprensión y apertura, duda de uno mismo y esfuerzo por compensar los propios prejuicios, no poniéndolos en práctica. La bondad es tolerancia natural o esforzada, una constante consciente, argamasa de la felicidad común.

Si crees en ser buena gente, en ser mejor cada día, crees en la democracia aunque no lo sepas. Crees en la igualdad de la mujer, de los hombres, de los niños, de los homosexuales, de los inmigrantes, de los sin techo, de las lesbianas, de los funcionarios y de los que están forrados de pasta. Si crees en la abolición de los sexos, de las orientaciones sexuales, de las formas corporales, de la fealdad o de la belleza como justificación de la violencia, del maltrato, del salario, del insulto, crees en cualquier forma de igualdad y, aunque no lo sepas, crees sobre todas las cosas, en practicar la bondad. 

Si solo tienes paciencia para lo que te interesa y te irrita profundamente la lucha de los demás, aunque sea justa -porque justa es la búsqueda de la igualdad- y le pones peros constantes y te indignas con facilidad ante sus peticiones y caceroladas… detente, reflexiona. La democracia, no es solo mía, es también tuya y te necesita. La democracia, la igualdad, la libertad, la justicia, la fraternidad, ideas magníficas y aparentemente inalcanzables, se resumen todas en una sola palabra, un comportamiento, una lucha inapelable: el ejercicio consciente de la bondad.

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