Jordi Bernal

Desastres del Tsunami

"Los catalanes deciden hacerse el harakiri colectivo tirando de un argumentario victimista que sólo puede tildarse de capricho pequeñoburgués"

Opinión

Desastres del Tsunami
Foto: JON NAZCA| Reuters
Jordi Bernal

Jordi Bernal

Periodista a su pesar y merodeador de librerías y cines. Autor del libro de crónicas Viajando con ciutadans (Ed. Triacastela, 2015)

Como no he podido leer la sentencia y, al igual que el simpático jetilla Antonio Baños, soy lego en la materia, me abstendré de comentarios improvisados de atrabiliario tertuliano matutino sobre la decisión judicial. No deja de sorprenderme, sin embargo, el empecinamiento independentista en quitarle la razón a los días laborables. Si hace una semana el ocioso vocacional y vacacional Antoni Comín conminaba a los catalanes a dejar sus empleos por el bien de la patria, hoy los organizadores de pollos callejeros —ese Tsunami Democràtic, que muchas cosas podrá ser menos democrático— pedía a la ciudadanía de la región que, previo abandono por la cara de sus puestos de trabajo, se dirigiera al centro de Barcelona para escenificar el enésimo aquelarre xirucaire.

Parecía que el cursi coñazo amarillo había amainado en los últimos meses, con una mejora sustancial del paisaje y una mínima decencia estética de sus gentes. Pero la higiene del ambiente ha durado poco. Un espejismo de ese oasis que, en realidad, no es otra cosa que un pútrido lodazal. Qué duda cabe que nos encontramos sumidos en un bucle desagradable de consecuencias devastadoras. Uno de esos momentos históricos, que se repiten cíclicamente y con un carácter de farsa cada vez más grotesca, en el que los catalanes deciden hacerse el harakiri colectivo tirando de un argumentario victimista que sólo puede tildarse de capricho pequeñoburgués.

Así que, dado que todo apunta a que el desastre natural va para largo, nada mejor que cerrar puertas y ventanas de casa; cortar, en la medida de lo posible, todo contacto con el mundo exterior circundante; abastecerse de lo imprescindible (un montón de libros y pelis, sin olvidar la comida de los perros sin patria ni raza) y, atrincherado, intentar sobrevivir al tsunami de un modo placentero y digno.

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