THE OBJECTIVE
Sara Montero Minguez

Descanse en paz... y en Twitter

La eliminación de las fotos de los fallecidos en Twitter es la forma moderna del rito funerario de siempre. El dolor de la pérdida ni se crea ni se destruye, solo se transforma.

Opinión
Comentarios
Descanse en paz… y en Twitter

La eliminación de las fotos de los fallecidos en Twitter es la forma moderna del rito funerario de siempre. El dolor de la pérdida ni se crea ni se destruye, solo se transforma.

La eliminación de las fotos de los fallecidos en Twitter es la forma moderna del rito funerario de siempre. El dolor de la pérdida ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Y esto es lo que ha ocurrido con la irrupción de la tecnología. Si es una frase manida aquella que asegura que “las nuevas tecnologías han cambiado nuestra vida”, no es menos cierta (aunque sí menos elegante) la que afirma que las redes sociales han transformado también nuestra muerte.

El pasado miércoles, Twitter anunció que eliminará imágenes y vídeos de las personas fallecidas si los familiares así lo exigen. La red social no se privó en el comunicado de inyectar inquietud a los usuarios al aclarar que no todas las peticiones serán atendidas y que se reserva el derecho de mantener este contenido si tiene interés público. Es una buena forma de recordar que la memoria siempre depende de un tercero. Nunca de nuestra voluntad y, en el caso de las redes, tampoco de nuestros seres queridos. En cualquier cronología y bajo todas las latitudes. En la Red, esta evocación (para bien o para mal) corresponderá a los usuarios anónimos de Twitter de la misma forma en la que en un pueblo recae en ese ser omnipresente llamado “gente”, que siempre “dice” o “comenta” con mayor crueldad que algunos tuiteros. Es la forma contemporánea de expandir la dolorosa huella del recuerdo. La peor parte es que en Internet nadie te manda flores.

La verdad es que yo también vi las fotos del asesinato del periodista James Foley. Varias veces, ampliando la imagen, intentando observar con detalle la cara del asesinado y acto seguido, la de su asesino. Y me asombré en todas. Y lo comenté con amigos. Ningún artículo, por minucioso y certero que fuera en la descripción de la ejecución, podría haberme contraído el estómago de esa forma tan instantánea y brutal. Por supuesto, no recordaré a ese reportero por su trabajo y sí por su terrible asesinato, que lo ha elevado ya a la categoría de mártir de la barbarie. Por otra parte, siempre se recuerda más y mejor a un héroe que a un informador. Eso sí, en última instancia, en la Red (y más para los que la extendemos como una extensión acelerada e intensa de la realidad) lo que debe primar es la palabra de los que reviven la tragedia: sus familiares.

Ese funeral involuntario e improvisado en el que se convirtió ayer Twitter por la muerte del lejano (y para muchos, desconocido) Foley es solo un paso más en esa liturgia de despedida que el hombre lleva practicando desde que es hombre. Es esperanzador saber que la tecnología no ha deshumanizado al ser humano y que ha sido éste el que ha puesto la técnica al servicio de lo más íntimo de las personas, desafiando a todas las películas apocalípticas sobre el futuro en la Era de la Tecnología. El dolor irreparable de la pérdida ayer convirtió las lágrimas en RT y el recuerdo del difunto en Trending Topic.

Publicidad
MyTO

Crea tu cuenta en The Objective

Mostrar contraseña
Mostrar contraseña

Recupera tu contraseña

Ingresa el correo electrónico con el que te registraste en The Objective

L M M J V S D