Víctor de la Serna

Dictaduras y serpientes de verano

Vaya por Dios, que es la última columna del mes de agosto y que no hay más ilustración agosteña por comentar que la de tres niñas extrañamente ataviadas con el mismo modelo de bañador rosa en una playa norcoreana que, nos dicen, acogió antes una base secreta de misiles.

Opinión

Dictaduras y serpientes de verano
Víctor de la Serna

Víctor de la Serna

Periodista generalista a la antigua usanza, ha acabado especializándose en comunicación, cocina, vinos, baloncesto y las calles de Madrid.

Vaya por Dios, que es la última columna del mes de agosto y que no hay más ilustración agosteña por comentar que la de tres niñas extrañamente ataviadas con el mismo modelo de bañador rosa en una playa norcoreana que, nos dicen, acogió antes una base secreta de misiles.

Vaya por Dios, que es la última columna del mes de agosto y que no hay más ilustración agosteña por comentar que la de tres niñas extrañamente ataviadas con el mismo modelo de bañador rosa en una playa norcoreana que, nos dicen, acogió antes una base secreta de misiles.

Y uno que buscaba alguna clásica foto de la alicantina playa de San Juan, repleta de madrileñas despechugadas y quemadas por el sol…

Pues nada, habrá que someterse a la tiranía de la imagen que vale más que mil palabras y maravillarse de que existan paraísos al sol en la tierra del dictador Kim, hijo y nieto de dictadores, en una de las tierras más ayunas de libertad del mundo. Una tierra sometida a hambrunas tremendas, de las que uno se entera con harta dificultad porque casi nadie entra desde el mundo libre, y cuando entras los aterrorizados habitantes miran hacia otro lado y aprietan el paso si les haces alguna pregunta, temerosos de que alguien del régimen los vea conversando con un forastero…

Cuando éramos periodistas jóvenes, allá en los estertores finales de otra dictadura a la que ya llamábamos ‘dictablanda’ porque sabíamos que había quedado en caricatura de sí misma en una Europa que marchaba por caminos radicalmente distintos -y la dictadura lo sabía-, en agosto lo que se llevaba eran las llamadas serpientes de verano, que sostenían el interés informativo mientras el país sesteaba y el ‘Azor’ fondeaba frente a la playa de La Concha.

Lo de la ‘serpiente’ era para relativizar o minimizar la importancia real de las noticias. De ‘serpiente’ veraniega se tildó al escándalo Matesa, que en realidad era un ilustrativo ejemplo de la gran pachanga nacional, del abuso y de la estafa que, de Juan Vilá Reyes a Jordi Pujol, no supieron frenar ni la dictadura ni la democracia. Lo que nos recuerda, en Madrid y en Barcelona, que algo se mantiene inmutable aquí, con o sin derecho a decidir.

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