Aloma Rodríguez

Dinero

«Es como si hablar de dinero revelara que nos preocupamos por él, o sea, que somos pobres, y no hay nada que un pobre quiera esconder más que su condición»

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Foto: Jason Leung| Unsplash
Aloma Rodríguez

Aloma Rodríguez

Licenciada en Filología Hispánica. Ha publicado "París tres", "Jóvenes y guapos", "Solo si te mueves" y "Los idiotas prefieren la montaña", todos en Xordica. Es miembro de la redacción española de Letras Libres y colabora con diferentes medios.

Hay algo, tal vez por la herencia del catolicismo, que hace que nos cueste hablar de dinero, como si fuera de mal gusto saber cuánto nos van a pagar por nuestro trabajo antes de aceptar un encargo o preguntar cuánto cuesta algo antes de comprarlo. Es como si hablar de dinero revelara que nos preocupamos por él, o sea, que somos pobres, y no hay nada que un pobre quiera esconder más que su condición, esa es la razón, decía Azona, por la que los pobres siempre son los primeros en ofrecerse a pagar, incluso se pelean entre ellos. Hablo de pobres que llegan a fin de mes, pobres de clase media, o sea, la mayoría.

El mundo anglosajón no tiene reparos en hablar de dinero: de Jane Austen a Martin Amis pasando por Francis Scott Fitzgerald, en el práctico Cómo sobrevivir con 36.000 dólares al año (Gallo Nero). Pero el dinero es la clave, como sabe también Kelly Reichardt, cuya película First Cow acaba de estrenarse. Ahí se habla mucho del precio de las cosas y de las variaciones del valor del dinero en diferentes sitios, es decir, del poder adquisitivo, y es una película situada en Oregón en 1820, entonces tierra de tramperos y buscadores de oro.

Da vergüenza hablar de dinero, porque el dinero, en nuestra cultura católica, es algo sucio. Así que hay que trabajar porque te gusta lo que haces. No me di cuenta de que estaba en esa trampa hasta Billy Wilder, un hombre perfecto al 70%, de Annie Tresgot y Michel Ciment, que está en Youtube, y al que llegué después de ver en Filmin. Billy Wilder habla, de Volker Schlondorff. Wilder trabajaba con horario de oficina, entonces se rodaba mucho en estudio, así se libraban de la tiranía de la climatología y la luz natural. Le pregunta Schlondorff si haría películas si no le pagaran y Wilder dice que no. Al final de la entrevista con Ciment, Wilder le dice que los franceses saben cómo dar pomada, refiriéndose a algo que le ha dicho el periodista sobre que en sus películas hay una búsqueda de la verdad. Wilder dice «solo trato de ganarme la vida». Dorothy Parker, en la entrevista de la Paris Review, respondía que su fuente de inspiración es «la necesidad de dinero».

Está el poema de Raúl Nuñez, que conozco por la versión musicada de Loquillo y Gabriel Sopeña: «Si me pagaran un millón de dólares por este poema / trataría de terminarlo enseguida. / Escribiría en dulces billetes verdes / y los echaría al viento / para que todos me leyeran». Supongo que se habla poco de dinero porque nadie quiere parecer codicioso. En su disco recién publicado Ese éxtasis Tulsa canta que «Es mucho mejor el dinero caído del cielo / que el dinero ganado con sangre y sudor». Porque la mayor parte del tiempo, todos, con mucho menos talento que Wilder, tratamos de ganarnos la vida. Y por mucho que nos guste nuestro trabajo, lo hacemos por dinero. Fucking money.

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