Anna Grau

Donde dije digo, digo España

"Y el caso es que a veces la traición no deja de ser una válvula de escape para el horror. Hay héroes fatales y hay vividores providenciales. Ejemplo: Oskar Schindler, el de la lista"

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Donde dije digo, digo España
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Anna Grau

Anna Grau

Anna Grau es periodista y escritora y ha sido todo eso en Barcelona, NYC y Madrid.

Estamos rodeados de traidores por todas partes. De traidores a todo lo que se mueve. Traiciona el PSOE sus esencias y muchos de sus preelectorales juramentos embarcándose en alianzas contra natura o por lo menos que cuestionan la letra pequeña de la Carta Magna y hasta del congreso socialista de Suresnes. Pero como es difícil traicionar tú solo, Pedro Sánchez lo hace en numerosa compañía. Traidor Pablo Iglesias por renunciar al champú anticaspa del 15-M (movimiento en el que él personalmente no participó, me recordaba el otro día una fuente autorizada, ojo…) para aferrarse con uñas y dientes al cuero cabelludo del poder. Traidor Ciudadanos si hubiese pactado con Pedro Sánchez. Traidor dos veces por no hacerlo. Traidor tres veces por intentar vender su centro sin usar al PP. Traidor el PP lo mismo si se lo compra que si al final no se ponen de acuerdo en el precio. Traidora la canaria que votó en contra de la investidura cuando su partido quería abstenerse. Traidores los de ERC a la causa de Puigdemont quien a su vez traicionó a los independentistas que aún se creen que los Reyes son los padres y la república consiste en irse de casa… Todos Judas y falta cuerda para ahorcarles a todos.

Y el caso es que a veces la traición no deja de ser una válvula de escape para el horror. Hay héroes fatales y hay vividores providenciales. Ejemplo: Oskar Schindler, el de la lista. De no haber sido un mujeriego, un caradura, un sinvergüenza y un bandido es muy probable que la apoteósica épica nazi hubiese hecho mella en él como la hizo en tantos otros. El cinismo, quieras que no, amortigua la eficacia de la propaganda. ¿Viró Schindler hacia el rescate masivo de judíos porque se dio cuenta de que Alemania iba a perder la guerra o porque su nihilismo de andar por casa le mantuvo a salvo de aquel tremendo hechizo colectivo, haciendo técnicamente posible la compasión que otros mejores que él no sintieron? Otro tanto, salvando siderales y respetuosas distancias, podría decirse de nuestro rey emérito, Juan Carlos I, separado muy joven de su familia y tratado de reeducar por Franco, ¿qué mejor defensa tenía ante el sistema de valores que se le trataba de inocular en vena y para siempre que ser, pues sí señor, un golfo?

Volviendo al aquí y al ahora: entre todos hemos alumbrado un panorama político tan irrespirable que cuando alguien se desdice, cuando alguien simplemente hace lo contrario de lo que prometió, puede llegar a ser un alivio. En Cataluña el autoproclamado Procés ha fracasado. No va a haber independencia ni referéndum de autodeterminación ni ná de ná. Game over. Pero lo que en los últimos catorce años el Procés ha tenido enfrente, tampoco da ya más de sí. Será por la ley electoral, será porque trabajar cansa, será porque Albert Rivera cambió la primogenitura por el espejismo de un plato de lentejas, será porque el bipartidismo nunca ha dejado de ser una máquina de picar carne… Pero triste, muy triste sería, que separatistas y constitucionalistas acabaran compitiendo en una especie de triste fanatismo estéril. En una escalada feroz de sostenella y no enmendalla aún teniendo la prueba definitiva que eso ya no va a ninguna parte. Se trata de arreglarlo, incluso más que de tener razón… Se trata sobre todo de atender un poco a esa sufrida sociedad civil que siempre ha estado en medio y a la que siempre se recurre como fuente de legitimidad y transversalidad cuando el sectarismo ya ha salido definitivamente de madre…

Lo mismo que vale para separatistas y constitucionalistas vale para bolivarianos y ultraderechistas. PROU! ¡BASTA! Que alguien tenga el valor al fin de reconocer que no son verdad ni un diez por ciento de las barbaridades que se dicen y se hacen creer los unos de los otros.

¿Se acuerdan de aquel dicho de que los errores de los arquitectos se tapan con plantas, los de los cocineros con salsa y los de los médicos con tierra? Pues los errores de los políticos se tapan con contradicciones mayúsculas y con alguna que otra buena traición. Donde dije digo España, o al revés… Démonos la oportunidad de desdecirnos todos a la vez, de una vez por todas, un, dos, tres, ya por el bien de todos.

Y si no, siempre nos quedará Vox, que dicen que todo lo que proponen va en serio.

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