Pilar Cernuda

¿Dónde están los grandes estrategas?

«Los asesores del Psoe no acaban de entender que los buenos socialistas detestan a Iglesias, a su soberbia, a su partido, a su gente»

Opinión

¿Dónde están los grandes estrategas?
Foto: Eva Ercolanese| EFE
Pilar Cernuda

Pilar Cernuda

Periodista, vivió la Transición desde el ruedo, no la barrera, y su escepticismo respecto a la clase política actual –con excepciones- es inconmensurable. Y se le nota.

Nunca ha habido más politólogos en danza, más estrategas de la política, más expertos en jugadas maestras, más sueldos de partidos para asesores políticos. Sin embargo, falta profesionalidad, y sobre todo  dedos de frente para acertar en los pronósticos y diseñar campañas imaginativas que atraigan a los votantes.

Pablo Iglesias y Rocío Monasterio han fallado estrepitosamente con el rifirrafe que montaron en la Ser. Ella porque se pasó siete pueblos al decir sin pruebas que dudaba de la veracidad de las cartas de amenaza a tres dirigentes de la izquierda, con balas incluidas; Iglesias, con el numerito de marcharse del estudio como si fuera un colaborador de Sálvame. Gabilondo y Mónica García optando también por la salida estrepitosa… una hora más tarde, no se sabe si porque no fueron capaces de calibrar el alcance del desaguisado o porque no estaban atentos al pinganillo  que les conecta con sus asesores. Y, el remate final,  la «interpretación»  de Iglesias, que  asumieron Gabilondo y García, de que el debate que hay que abrir es el de la calidad democrática de los partidos.

No es ese el debate, los españoles, los madrileños, saben perfectamente qué partidos defienden la democracia a capa y espada y quiénes se la pasan por el arco del triunfo. Los extremistas, los de un lado y los de otro, los de ultraderecha  y los de ultraizquierda, que respetan escasamente las leyes, el Estado de Derecho y la Constitución, en unos casos porque defienden a secesionistas y filoterroristas y en otros por su alarde de xenofobia, postura contraria al Estado autonómico  y alarde de un patriotismo que no es tal sino patrioterismo.

A ver qué pasa el día 4, pero da la impresión de que algunos que presumen de expertos analistas van a salir escaldados. Arremeten contra las políticas de Ayuso, que son precisamente las que atraen a más nuevos votantes, incluso a algunos que jamás votarían al PP, como es el caso de Fernando Savater, y defienden en cambio iniciativas que asustan a todo hijo de vecino, como las fiscales, la reforma de los alquileres o la ocupación de viviendas vacías. De esta campaña sale destrozada la imagen de Ángel Gabilondo, al que se consideraba hombre riguroso y al que los estrategas socialistas han obligado a aceptar una lista inaudita y, después de declarar que jamás acordaría nada con Podemos –pocos le creyeron, el que manda es Sánchez- mostró la mano tendida a Pablo Iglesias. Se comprende que todo el mundo conozca votantes pata negra del Psoe que afirman que van a votar a Más Madrid. Los asesores del Psoe no acaban de entender que los buenos socialistas detestan a Iglesias, a su soberbia, a su partido, a su gente, y a la forma en que ha tratado desde el primer momento de ningunear a los socialistas.

A ver qué ocurre el martes 4, pero el hecho de que el debate se centre en si Ayuso conseguirá ser presidenta sin la ayuda de Vox augura que pintan bastos para la izquierda.

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