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Opiniones libres de algoritmos

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Dos filas en el aeropuerto

Esta foto alumbra una idea asentada: la de que la democracia está infiltrada –y amenazada– por el espionaje policial masivo, facilitado por las nuevas tecnologías. La Stasi ha vuelto por la puerta de atrás de Silicon Valley. Y con nuestra aquiescencia, cuando no entusiasmo, vista la alegría al compartir información personal (propia y ajena) en redes abiertas. Al conocido “Big Brother is watching you”, habría que añadirle una coletilla famosa en los memes de nuestro Julio Iglesias: “… y lo sabes”.

Por eso, las quejas tremendistas sobre el supuesto estado policial que padecemos no dejan de ser, cuando menos, incongruentes; e, hilando fino, un síntoma de que, pese a todo, no nos las creemos. Seguimos disfrutando de sociedades más libres y tolerantes que nunca, aunque afrontemos tremendos retos globales de seguridad. Es lo que vino a recordar Obama en su extraordinario discurso de Hannover hace unos días.

Los abusos de poder no son novedad, pero sí hay algo nuevo propiciado por la comunicación global: la dificultad de la impunidad y la arbitrariedad del poder, la irreversibilidad de muchas conquistas civiles, la normalización cotidiana de modos de vida diferentes hasta hace poco estigmatizados, la puerta de escape de la soledad que para muchos supone la conectividad. El peaje menor  –aunque irritante– es el esteticismo retórico de algunos y los abusos de otros. Parece un precio razonable.

Este debate quedó muy bien resumido en una escena de la película El escritor, de Roman Polanski. El ex primer ministro británico escucha indignado por televisión las quejas de un antiguo aliado político, que, siguiendo la corriente de opinión, hace carrera afeándole el celo de su política de seguridad. Le responde: “Pondría dos filas en los aeropuertos: una con controles y otra sin controles, ¡y lo que quiero ver es a cuál mandan a sus hijos este tipo de gente!”.  Un dato: Francia aborta, de media, un atentado a la semana.

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