Irene Cacabelos

Edu y el gran chaparrón

La granizada les sorprendió en pleno baño estival y la temperatura bajó 20 grados de golpe. Esta instantánea que nos llega desde Rusia recuerda mucho a lo que ha vivido Eduardo Madina en los últimos días.

Opinión

Edu y el gran chaparrón

La granizada les sorprendió en pleno baño estival y la temperatura bajó 20 grados de golpe. Esta instantánea que nos llega desde Rusia recuerda mucho a lo que ha vivido Eduardo Madina en los últimos días.

La granizada les sorprendió en pleno baño estival y la temperatura bajó 20 grados de golpe. Esta instantánea que nos llega desde Rusia recuerda mucho a lo que ha vivido Eduardo Madina en los últimos días.

El diputado vasco vio venir el chaparrón y a punto estuvo de protagonizar una espantada que, si bien le habría evitado el disgusto del domingo en Ferraz, hubiese sido difícil de entender. Y así se embarcó en la aventura y lo hizo entre la espada y la pared.

Es complicado que las cosas salgan bien cuando se empieza con tantas dudas y al mismo tiempo con tantas certezas. En este caso, la evidencia era tan cruel como incomprensible. El mismo aparato que meses atrás le mimaba y le empujaba a tomar las riendas del partido, ahora le daba la espalda por obra y gracia de la lideresa, que no necesita cargos ni elecciones para demostrar que manda, y manda mucho.

Sólo así se explica que un candidato llegado de la nada y curtido en la periferia de Ferraz haya logrado un sillón que parecía hecho a medida para Madina. Fue el eterno delfín de Zapatero, incluso del propio Rubalcaba pero ni con esas.

Edu, que así se hace llamar por los suyos, hizo muchas cosas bien pero cometió varios errores que le han costado la secretaría general y probablemente su carrera política. El más importante quizás haya sido el de exigir que se conociera la procedencia geográfica de los avales. Una petición  que acabó por soliviantar los ánimos del ejército andaluz, que interpretó como una ofensa lo que a priori se pretendía vender como ejercicio de transparencia.

Poco más hizo falta para que Eduardo Madina  perdiese una carrera en la que partía como favorito, aunque ya se sabe que en el PSOE son muy de giros inesperados.

Tres días después es probable que el derrotado se sienta más aliviado que triste. Sobre todo viendo el chaparrón que se avecina sobre Pedro Sánchez. De momento le toca hacer encaje de bolillos en la ejecutiva y un sudoku en el grupo parlamentario. Todo, bajo la atenta supervisión de Susana que mira orgullosa su obra sin despeinarse.

A Sánchez le toca arar la tierra pero es probable que no llegue a saborear la cosecha. Al tiempo.

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