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El amor no es un sentimiento

El amor no sólo es un sentimiento, es una necesidad. Necesidad de recibir y dar amor. Necesidad de conectar con una persona. De compartir sentimientos y necesidades con el corazón abierto. Sin juicios, prejuicios ni exigencias.

La mayoría de las personas cree que el amor es un sentimiento. Muchas parejas acaban dañándose porque hablan de amor cuando en realidad no tienen muy claro a qué se están refiriendo. Incluso hay casos en los que cada uno lo entiende de forma distinta y ni siquiera se lo han dicho. Uno de los principales problemas de las relaciones afectivas es que no hemos aprendido a comunicar nuestros sentimientos, necesidades y peticiones de forma asertiva.

Comparto la teoría de una corriente denominada Comunicación No Violenta y de su principal divulgador, el psicólogo Marshall Rosenberg, que entiende el amor no sólo como un sentimiento, sino como una necesidad. Necesidad de recibir y dar amor. Necesidad de conectar con una persona. De compartir sentimientos y necesidades con el corazón abierto. Sin juicios, prejuicios ni exigencias. Cuando una serie de necesidades de conexión se cubren aparecen los sentimientos que acostumbramos a llamar ‘de amor’: sentimientos de enamoramiento, alegría, ternura, ilusión, pasión, seguridad, despreocupación, etc.

En el marco de las relaciones muchas personas no expresan sus necesidades de forma clara, concreta y directa. Esperan a que sea su pareja quien las adivine o bien se expresan en forma de exigencia o recriminación, y no de petición. La diferencia es importante porque la petición mantiene la conexión abierta y hace fluir la comunicación, mientras que la exigencia la bloquea.

Otras personas prefieren sacrificarse por su pareja y ‘hacer’ sin tener en cuenta sus propias necesidades. Prefieren ceder antes que buscar una estrategia que satisfaga las necesidades de los dos. Esta actitud acaba desconectándonos de nosotros mismos. Dejamos de cuidarnos, en teoría, en beneficio del otro. Si esta actitud se mantiene empezamos a experimentar malestar, ansiedad, estrés. La pregunta es: ¿cómo puedes amar a los demás sin amarte y respetarte antes a ti?

Es positivo hacer balance con regularidad sobre los sentimientos y necesidades de cada miembro de la pareja y emprender estrategias pactadas para cubrirlas. Si ambos están atentos a todo aquello que pueda ser un impedimento para mantener una conexión cálida y sincera, los cimientos de la relación serán tan sólidos que decidirán quedarse y mantenerla día tras día. La comunicación asertiva es la clave.

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