Joaquín Jesús Sánchez

El autobús pintarrajeadito

Tienen la noción de violencia de quien la sufre de pascuas a ramos. A todos nos toca de cuando en cuando, queridos

Opinión

El autobús pintarrajeadito
Joaquín Jesús Sánchez

Joaquín Jesús Sánchez

Joaquín Jesús Sánchez (Sevilla, 1990) estudió Filosofía y escribe crítica de arte, crónicas malhumoradas y artículos de variedades. Puede seguir sus trepidantes aventuras en www.unmaletinmarron.com

¡Intolerable! ¡Kaleborrokoso! ¡Han pintado el autobús de Ciudadanos que quería rentabilizar sus acciones en lo del gayfriendly! Desde todos los rincones del imperio, miles de liberales aprietan el paso y sacan brillo a sus consignas. «No vamos a tolerar esta discriminación». «Pero si somos los que estamos más a favor de la libertad del mundo mundial, ¿cómo nos hacéis esto? ¿No os hemos dicho ya lo progresistas que somos?».

Siempre hay un liberal dispuesto a rasgarse las vestiduras por un pequeño e intrascendental acto de violencia, pero nunca te los encontrarás enfrentándose a las opresiones estructurales, que son las que realmente trituran la vida de los violentados. Más bien apoyándolas. ¿Qué burbuja de la vivienda ni qué burbuja? Vaya usted privatizándome esto, que se me está llenando de gorrones. Tienen la noción de violencia de quien la sufre de pascuas a ramos. A todos nos toca de cuando en cuando, queridos. Por eso no entienden que el personal del Orgullo vea regularcito que quieras pasearte con la banderita arcoíris después de meterte en pactos con los chavalines del hay que defender la libertad de llevar a los hijos a terapias de reorientación de sexual o vamos a irnos cargando las mamandurrias esas de los trans. Ha salido una portavoz a decir que van a emprender acciones legales (el pintar autobuses de los ricos) contra los activistas y que los quieren meter «en el armario por sus ideas». Agárrate.

A nadie se le escapa que la lucha del colectivo LGTBI por sus libertades no ha sido, como decía la portavoz esta, una «fiesta de libertad e igualdad», sino a base de hostias y de aguantar la represión. Si ese colectivo, o parte de él, o una facción verdaderamente intransigente y liberticida que odia a Ciudadanos, decide montarse una fiesta y no te invita, no vayas. ¿No estáis a favor de la propiedad privada? ¿Acaso os coláis en los desayunos del Ritz sin invitación?

Lo más repugnante de todo no es ver a estos fulanos de la naranja queriendo sacar su tajada de una lucha que les importa una mierda (a los pactos me remito). Al fin y al cabo, no hay marca que no se haya cambiado el logo estos días. Lo verdaderamente nauseabundo es que se hagan las víctimas. Ellos, que han caído en el mundo de pie.

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