Amando de Miguel

El caso del avión vaporizado

No vale declarar que “se estrelló al sur del Océano Índico y no hay supervivientes”. ¿Nadie se percató de ese desvío de 180º respecto de su rumbo programado? ¿Tan inútil era el comandante?

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El caso del avión vaporizado
Amando de Miguel

Amando de Miguel

Sociólogo español, colaborador habitual de medios de comunicación. Es catedrático emérito de Sociología de la Universidad Complutense. Realizó estudios de postgrado en la Universidad de Columbia y ha sido profesor visitante en las de Yale y Florida y en El Colegio de México.

No vale declarar que “se estrelló al sur del Océano Índico y no hay supervivientes”. ¿Nadie se percató de ese desvío de 180º respecto de su rumbo programado? ¿Tan inútil era el comandante?

No se había producido nunca un hecho semejante. Por eso es noticia durante días y días. Está en boca de todos, precisamente por lo misterioso del asunto. Nada menos que un avión de línea, lleno de pasajeros, desaparece, se esfuma, se vaporiza. No vale declarar que “se estrelló al sur del Océano Índico y no hay supervivientes”. ¿Cómo se demuestra un hecho negativo? ¿Qué hacía el avión en ese punto, a miles de millas de su ruta prevista? ¿Nadie se percató de ese desvío de 180º respecto de su rumbo programado? ¿Tan inútil era el comandante?

Todos son interrogantes sin respuesta. Todos estábamos convencidos de que la Tierra aparecía graciosamente festoneada por centenares de satélites artificiales dizque inteligentes. Muchos de ellos tienen ojos de águila tan precisos que pueden fotografiar la página del libro que está leyendo un terrícola en cualquier parte de nuestro planeta. ¿Y no han sido capaces de localizar un airbús del tamaño de un campo de fútbol? Aun suponiendo que la aeronave se hubiera estrellado en el mar, ¿no quedan restos de ella? Pase que al día siguiente del siniestro todavía no se hubieran percibido esos vestigios. Pero ¿varias semanas después?

Cuando volamos en una de esas incómodas transoceánicas naves, imaginamos que alguien debe de saber en todo momento dónde nos encontramos. Pues bien, eso no es así. Ahora nos embarcaremos con más miedo. ¿Para qué sirve que apaguemos los móviles y otros dispositivos electrónicos cuando estamos a bordo? ¿No era para facilitar las comunicaciones entre la tripulación y las torres de control?

Una cosa es cierta. Poco vamos a tardar en ver cómo se recrea esta historia a través del cine y la televisión. Por fin sabremos algo de la extraña tripulación que dirigió la nave hacia un destino imposible.

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