Rafa Latorre

El Cordobés, la Tomasa y la risa liberadora

A Wim Wenders le indignó una secuencia de El Hundimiento. Una elipsis, en concreto: «del mismo modo que Hitler se da la vuelta cuando muere su perra Blondie, la película se aparta en el momento en que muere el Führer. ¿Por qué no mostrar que ese cerdo, por fin, ha muerto? ¿Qué clase de proceso de represión se desarrolla ahí ante nuestros ojos?». 

Opinión

El Cordobés, la Tomasa y la risa liberadora
Rafa Latorre

Rafa Latorre

"Periodista. Me gustaría poder decir que aprendí el oficio en el Shinbone Star pero fue menos épico. Trataré de no olvidar, lector, que su tiempo es escaso"

A Wim Wenders le indignó una secuencia de El Hundimiento. Una elipsis, en concreto: «del mismo modo que Hitler se da la vuelta cuando muere su perra Blondie, la película se aparta en el momento en que muere el Führer. ¿Por qué no mostrar que ese cerdo, por fin, ha muerto? ¿Qué clase de proceso de represión se desarrolla ahí ante nuestros ojos?». 

Wender desató el debate con estas declaraciones a Die Zeit. ¿Qué había llevado al director Oliver Hirschbiegel a envolver en misterio el suicidio de Hitler? Si aquella había sido una decisión prudente basada en las dudas historiográficas, al menos podría haber mostrado el cadáver del dictador. En cualquier caso, al preservar el misterio había favorecido la mitificación.

El otro día, cientos de personas se lanzaron a la tarea de desmitificar a un terrorista del ISIS mediante la terapia más eficaz contra la mitificación: la risa. Quien crea que aquel derroche de memes y de chistes a cuenta del barbudo asesino fueron un ejercicio banal o irresponsable es que no ha entendido nada. En unas horas, las amenazas divinas se tornaron ridículamente humanas mediante la parodia. Fue un ejercicio liberador y necesario. Al fin nos descojonamos de los que quieren infundirnos miedo con sus solemnes proclamas. 

La risa conjura el miedo, como en la -quién sabe si apócrifa- última genialidad con la que Pedro Muñoz Seca se creció ante sus asesinos: «Me lo habéis quitado todo, la familia, la libertad, pero hay algo que no me podéis quitar: el miedo».

La risa es insoportable para el integrista. Recuerden el lamento de Jorge de Burgos, el inolvidable monje fundamentalista de El Nombre de la Rosa: “La risa mata el miedo, y sin el miedo no puede haber fe, porque sin miedo al Diablo, ya no hay necesidad de Dios”.

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