José Carlos Rodríguez

El debate como amenaza

"Hay un valor innegable en el hecho de que un medio albergue perspectivas distintas, y que sea un espacio de debate"

Opinión

El debate como amenaza
Foto: Julio Cortez
José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez

Elegí vivir de contar lo que acaece. De todas las ideas sobre cómo debemos convivir, la libertad no me parece la peor.

Mande las tropas. El senador republicano por Arkansas Tom Cotton le pedía desde el titular de su artículo del New York Times al presidente Trump que restituyera el orden en las calles con el Ejército más poderoso del mundo. Cotton se ponía del lado del Gobierno federal, y de paso colocaba la primera piedra de su carrera hacia la Casa Blanca en 2024. Este libertario antifederalista que les escribe se revuelve ante la mera idea de que el Gobierno federal lleve las tropas a la calle, por más simpatía que le tenga a las miles de familias a las que la turba ha arruinado sus vidas. Pero el senador Cotton quería defender su posición, que es la de una parte significativa de la sociedad estadounidense.

 

El staff de The New York Times se ha revuelto ante el artículo. Las respuestas están transidas por el miedo; los golpes de la masa contra los negocios y los edificios públicos tienen un eco en la redacción del diario. Y el periódico ha acabado conjurando ese miedo eliminando el artículo. Podría haber publicado una o varias réplicas, pero lo ha borrado de la web; como si nunca hubiera existido.

La dama gris ya recurrió a este expediente orwelliano el mes pasado. Bret Stephen había reflexionado sobre Los secretos del genio judío. ¿Qué explica que esa minoría sea tan preponderante en el ámbito intelectual? Stephen rechazó explícitamente la tesis genetista. Pero para ilustrar su artículo recogió varios datos, contrastados y por lo demás muy conocidos, extraídos de un artículo científico que sí asumía el origen genético de esas diferencias. Eso fue suficiente. The New York Times agujereó el artículo a balazos, dejándolo irreconocible. Pamela Paresky, Jonathan Haidt y Steven Pinker reaccionaron ante la actitud del diario escandalizados porque hubiera cedido ante “la turba”. Dijeron entonces que si el periódico había hecho efectivos los deseos de censura de unos descerebrados que no asumen el debate. Y que esa actitud facilitará nuevas censuras. Hoy sabemos hasta qué punto tenían razón.

El lector está en un espacio único en la prensa española, en el que puede leer opiniones de lo más diverso. Aunque creo que la diversidad debe estar en última instancia en el kiosko, el dial o la url, hay un valor innegable en el hecho de que un medio albergue perspectivas distintas, y que sea un espacio de debate. Vamos a un mundo en el que cada cual exige estar protegido de la amenaza del pensamiento ajeno, distinto, turbador. Muchos, de entre los más jóvenes, quieren estar al abrigo de cualquier cosa que zahiera su tranquilidad. Es lo que precisamente Haidt, junto con Greg Lukianoff, ha llamado “safetysm”, quizás traducible por “segurismo”. Para ellos el debate es una fuente de turbación, y la censura la restitución del orden vulnerado. La amenaza de la censura no está sólo en los gobiernos, sino que procede de la propia sociedad.

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