Pablo Iglesias

El discurso del rey

The King's Speech, la famosa película británica de Tom Hooper, habla de las dificultades para expresarse de Jorge VI. El rey inglés padecía, por lo visto, una acusada tartamudez.

Opinión

El discurso del rey

The King’s Speech, la famosa película británica de Tom Hooper, habla de las dificultades para expresarse de Jorge VI. El rey inglés padecía, por lo visto, una acusada tartamudez.

The King’s Speech, la famosa película británica de Tom Hooper, habla de las dificultades para expresarse de Jorge VI. El rey inglés padecía, por lo visto, una acusada tartamudez. No pretendo establecer ningún paralelismo entre las cualidades oratorias de Jorge VI y las de Juan Carlos I; no van por ahí los tiros.

La película fue criticada, con mucha razón, por omitir la política británica de apaciguamiento hacia Hitler. Jorge VI apoyó con entusiasmo (los hechos son los hechos) el infame pacto de Múnich de septiembre del 38 en el que los británicos entregaron al fascismo a Checoslovaquia y a España. Después a toda Europa y al propio Reino Unido les tocaría pagar la tolerancia inglesa con la política exterior alemana. Nada de eso se ve en la película en la que Jorge aparece como un entusiasta patriota llamando a combatir a Alemania.

La misma sensación de tomadura de pelo que tuve al ver el filme de Hooper la he tenido  escuchando a nuestro Juan Carlos I defendiendo la unidad de España, el respeto de las reglas del juego y el compromiso ético frente a la corrupción. Ah sí, y también dijo que la crisis empezará a resolverse cuando los parados trabajen. Si existe una institución en España que representa el acaparamiento de privilegios, el incumplimiento de las reglas del juego (la ley se supone que debería ser igual para todos), la falta de transparencia y los vínculos políticos con las prácticas deshonestas de los grandes poderes económicos, esa es la monarquía. Pero lo de los parados ya es de monda.

En España el paro se mantiene en niveles de escándalo con buena parte de los desempleados sin recibir ninguna prestación, pero aún hay más. Para buena parte de la gente que tiene o que aspira a tener un empleo trabajar ya no significa tener aseguradas las condiciones imprescindibles para llevar una vida normal. Hoy trabajar significa para muchos cobrar salarios (como el congelado mínimo interprofesional) que no dan para pagar alquileres, hipotecas, luz y agua, alimentación y todos los gastos normales de una familia. Y todo ello ocurre al tiempo que somos campeones de Europa en sueldos de banqueros, fraude fiscal de las grandes fortunas y aumento del número de millonarios.

¿De qué lado están el rey y su familia? ¿Del de los que sufren o del de los privilegiados? Como en el caso de Jorge VI podrán contarnos películas pero los hechos son los hechos.

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