Gabriel González-Andrio

El espíritu de Foley

No puedo quitármelo de la cabeza. El asesinato de este periodista de guerra ha quedado marcado en mi cabeza y en mi corazón. Para mí es mucho más que un héroe.

Opinión

El espíritu de Foley

No puedo quitármelo de la cabeza. El asesinato de este periodista de guerra ha quedado marcado en mi cabeza y en mi corazón. Para mí es mucho más que un héroe.

No puedo quitármelo de la cabeza. El asesinato de este periodista de guerra ha quedado marcado en mi cabeza y en mi corazón. Para mí es mucho más que un héroe. Los comentarios de sus padres, hermanos, amigos y compañeros de profesión reflejan que estamos ante un hombre de fe. Una persona que no conjugaba el “yo” sino el “vosotros”, un tipo que unía, que transmitía paz en medio de la guerra. Un hermano, un hijo, un amigo que pese a ser blanco de las más infames vejaciones solo pensaba en los demás.

No me extraña, por tanto, que el Papa Francisco haya telefoneado a su familia para darles las gracias. Gracias por tener un hijo valiente, generoso, coherente con su fe cristiana hasta el martirio. Porque eso es lo que es Foley, un mártir de 40 años.

Pero esas gracias se hacen extensivas a unos padres y hermanos que, a pesar del dolor desgarrador ante semejante prueba, nos han dado una lección extraordinaria. Sus palabras han estado alejadas del odio o el rencor, sino todo lo contrario. Una lección para sus captores y cobardes asesinos.

James es una de esas personas que me hubiera gustado conocer. Para aprender de su profesionalidad, pero sobretodo de su calidad humana, de su entereza ante la adversidad, de su fe. Cada vez que desenfunde mi Canon 1DX trataré de homenajear a este colega, a quien aún sin conocerle le considero mucho más que un colega.

Foley, no tengo dudas de que tu sangre derramada dará mucho fruto en las conciencias de muchos. Porque ante alguien como tú uno solo puede sentirse muy pequeñito. Al menos eso me pasa a mí.

Me gustaría poder estrechar la mano de tus padres y hermanos. Sentarme con ellos y escuchar anécdotas tuyas. Tus escaramuzas en zonas de conflicto, tus mejores imágenes y entrevistas, tu vida fuera de esos escenarios sanguinolentos…

Gracias, amigo. Tu espíritu no morirá.

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