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¿El final de la globalización?

Foto: Matilde Campodonico | AP

Hace escasos años eran frecuentes las manifestaciones antiglobalización con motivo de cualquier cumbre multilateral. Pero ahora que las relaciones comerciales abiertas se ven amenazadas y el multilateralismo está en crisis debido al auge del proteccionismo y el nacionalismo, estas se antojan protestas de un pasado remoto. Hay quien incluso habla del fin de la globalización. Y de la necesidad de inventar un nuevo orden mundial. El último en hacerlo ha sido el profesor de Economía en la Universidad de Princeton y antiguo banquero, Michael O’Sullivan, en una reciente entrevista concedida a The Economist con motivo de la publicación de su libro The Levelling: What’s Next After Globalization?

O’Sullivan vaticina un mundo multipolar compuesto por tres o cuatro grandes regiones, con antagónicos sistemas de organización económica, social y política. Los bloques serían América, la Unión Europea y China junto con Asia central. Un nuevo orden mundial en el que estarían abocadas a desaparecer por quedar obsoletas las “instituciones del Siglo XX”: el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC). En el que la influencia mundial de las sociedades abiertas de libre mercado se verá desafiada por la creciente que ejercen los países autoritarios que tienen un capitalismo de Estado. Donde primará el interés nacional o regional y escaseará la cooperación multilateral. Un mundo, en definitiva, menos abierto y democrático, en el que la ausencia de grandes consensos dificultará la gestión de retos tan importantes como el cambio climático o los movimientos migratorios.

Al igual que tras la guerra civil inglesa del siglo XVII, un grupo defensor de los valores democráticos llamado The Levellers (de ahí el título del libro) se enfrentó a los Grandees, que tenían el control del Parlamento y de los medios económicos, el profesor cree que el mundo está destinado a dividirse entre los países que defienden las libertades y los derechos y los que se conforman con menos libertades y una economía controlada por el Estado. Es lo que Henry Paulson, el que fuera secretario del tesoro con George W. Bush, “un telón de acero económico”.

Frente a este mundo polarizado que vaticinan O’Sullivan y Paulson, algunos acontecimientos indican que el desmantelamiento del actual orden multilateral no será tan rápido como vaticinan algunos. Tal es el ejemplo del reciente acuerdo alcanzado entre la UE y Mercosur que ha tardado más de 20 años en gestarse y que finalmente ha sido firmado por ambas partes. El pacto supone un importante desarme arancelario y une los 500 millones de consumidores de los 28 países miembros del la UE a los 260 millones que habitan los cuatro países que forman Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay).

Y desafía así la corriente proteccionista que recorre el mundo desde la llegada de Donald Trump a la presidencia de EEUU y que ha instalado la desconfianza entre socios comerciales habituales.

Uno de los mayores logros del acuerdo ha sido incluir al Brasil de Jair Bolsonaro. País proteccionista donde los haya, la llegada del líder de derechas populista y declarado admirador de Trump amenazaba con intensificar esta práctica defensiva y sin embargo ha accedido a su firma. Una gran noticia para un sector como el de los fabricantes de automóviles europeos (España es el segundo país exportador tras Alemania), cuyos vehículos eran hasta ahora gravados con un arancel del 35%, por lo que su exportación a la región estaba muy limitada. Este mejor acceso ayudará sin duda a reducir el déficit comercial de España con Mercosur, que en 2018 ascendió a 2.857 millones de euros. Pero no todos los sectores son ganadores. La agricultura y la ganadería europeas recelan del acuerdo.

Anterior a Mercosur, la UE ha firmado este año también acuerdos de libre comercio con Vietnam y ratificado el CETA con Canadá. El caso de Vietnam es llamativo. La república socialista, de 91 millones de habitantes, que al igual que China tiene una economía de mercado, se ha convertido en una de las principales potencias manufactureras y exportadoras de Asia. Gracias a sus bajos costes salariales. Pero sobre todo al impulso que le ha supuesto las sanciones comerciales de EEUU a China, que han provocado el traslado de algunas cadenas de producción de un número creciente de fabricantes y multinacionales desde el gigante asiático a Vietnam. Las exportaciones a EEUU aumentaron un 40% en los cuatro primeros meses del año. Y no sólo se ha beneficiado Vietnam. Taiwan, Laos, Camboya y Bangladesh también. ¿Se pueden considerar efectos colaterales positivos del proteccionismo trumpiano?

Hay también quienes mantienen un discurso de repliegue nacionalista pero dan de repente legitimidad a las instituciones multilaterales que aparentemente desprecian. Sin ir más lejos Boris Johnson, el gran defensor del Brexit y candidato favorito a presidir el Partido Conservador y convertirse en el próximo primer ministro birtánico. Hace pocos días, durante su campaña como candidato, ha asegurado que el Reino Unido se acogerá al artículo 24 del Acuerdo General para los Aranceles y el Comercio (GATT en sus siglas en inglés) cuyo cumplimiento vigila la OMC. Para zafarse de las consecuencias de un Brexit duro, Johnson utiliza los acuerdos multilaterales para tranquilizar a sus votantes, aunque les mienta. Porque ha asegurado que aunque el Reino Unido salga de la UE sin acuerdo, puede invocar el citado artículo para mantener los acuerdos comerciales que tiene con la UE. Cosa que no es cierta pues requiere que ambas partes lo decidan y que este acuerdo sea ratificado por el resto de los estados miembros de la OMC.

La propia administración estadounidense, cuyo presidente ha bloqueado la renovación del tribunal de disputas de la OMC, ha presentado varias demandas ante el organismo contra Turquía, Canadá, la Unión Europea y México hace un año.

¿Demagogia? ¿Doble juego? Tratándose de Donald Trump o Boris Johnson, who knows? Son dos tipos que crean problemas para luego presentarse ante su público como los salvadores. El daño que hacen a la economía y el orden mundiales en el camino poco parece importarles.

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