Amando de Miguel

El fracaso de las encuestas electorales

Uno de los rasgos más sospechosos de las encuestas electorales que se han difundido en España durante los últimos meses es que se parecen mucho entre ellas, incluidas las de a pie de urna. Por ejemplo, destacaba el llamado “sorpasso” o adelantamiento de Unidos Podemos sobre el PSOE. No se ha producido. El error ha sido lamentable.

Opinión

El fracaso de las encuestas electorales
Amando de Miguel

Amando de Miguel

Sociólogo español, colaborador habitual de medios de comunicación. Es catedrático emérito de Sociología de la Universidad Complutense. Realizó estudios de postgrado en la Universidad de Columbia y ha sido profesor visitante en las de Yale y Florida y en El Colegio de México.

Uno de los rasgos más sospechosos de las encuestas electorales que se han difundido en España durante los últimos meses es que se parecen mucho entre ellas, incluidas las de a pie de urna. Por ejemplo, destacaba el llamado “sorpasso” o adelantamiento de Unidos Podemos sobre el PSOE. No se ha producido. El error ha sido lamentable.

Ocurrió algo parecido con las encuestas que se levantaron en el Reino Unido a propósito del “Brexit”. Por lo general, daban como ganadora la opción de permanecer en la Unión Europea. Salió derrotada.

La razón principal del error en España reside en el hecho de que las encuestas que se publican constituyen un arma propagandística. Los partidos y los medios confían en que, si un sondeo anticipa una opción ganadora respecto a las expectativas, muchos indecisos se apuntarán al “caballo ganador”. La presunción falla muchas veces. En la situación política española, con docenas de partidos, la dispersión de las opiniones exige muestras estadísticas muy nutridas, que nadie está dispuesto a costear. Además, ante una campaña electoral tan enconada, muchos entrevistados no tienen clara su intención de voto. No es lo mismo decir en una entrevista telefónica lo que se va a votar que meter una papeleta en la urna. La diferencia entre las dos posiciones se agranda todavía más al plantearse los subterfugios del “voto útil”, el “voto menos malo” o el “voto desengañado”.

En los sondeos a pie de urna se introduce otra distorsión. No son pocos los entrevistados que juegan a engañar al entrevistador respecto a la papeleta que acaban de introducir en la urna.

Aunque pueda parecer extraño, no solo la opinión pública es un reflejo de lo que anticipan las encuestas. El movimiento es circular. Las respuestas de los sondeos reflejan la opinión general y también la del medio o la institución que encarga el trabajo sociológico. Se ha demostrado que los análisis de las encuestas copian los resultados de otros sondeos.

El hecho fundamental es que las encuestas de todo tipo se han equivocado al anticipar que Unidos Podemos iba a sobrepasar el número de escaños del PSOE. La decisión de realizar encuestas a pie de urna ha supuesto un verdadero derroche. Bastaba esperar un poco y anticipar el resultado con el escrutinio de una parte de los votos reales. Por cierto, la calidad de una democracia es inversamente proporcional al tiempo que se tarda en realizar el escrutinio de unas elecciones generales. En España ha bastado con tres horas. Hay países en los que se tarda más de un día. Felicitemos a los servicios estadísticos españoles por la hazaña.

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