José Carlos Rodríguez

El futuro democrático de Venezuela

El socialismo ha avanzado en Venezuela hasta alcanzar la cima de todas sus conquistas: una dictadura corrupta que sobrevive porque somete a su sociedad a un estricto régimen de hambre y terror. 

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El futuro democrático de Venezuela
Foto: Manaure Quintero| Reuters
José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez

Elegí vivir de contar lo que acaece. De todas las ideas sobre cómo debemos convivir, la libertad no me parece la peor.

El socialismo ha avanzado en Venezuela hasta alcanzar la cima de todas sus conquistas: una dictadura corrupta que sobrevive porque somete a su sociedad a un estricto régimen de hambre y terror.

El poder tiene su propia lógica. El hambre, la hiperinflación, el desabastecimiento, han desaconsejado a los venezolanos mantener al régimen chavista de forma democrática, de modo que éste se ha declarado reelegido sin necesidad de contar con la participación de la oposición. El socialismo democrático se mantiene hasta que deja de ser socialismo o deja de ser democrático.

Parte de Occidente cree que el socialismo justifica el ejercicio del poder. En España, por ejemplo, Podemos y la ETA. Pero ni la simpatía de lo peor de la opinión pública mundial, ni las alianzas con otros regímenes abyectos, como Cuba, China, Rusia e Irán, ni siquiera el poderoso báculo del narcotráfico infiltrado en el Ejército y confundido con el propio Estado parece que vayan a ser suficientes. Maduro caerá como fruta podrida.

La transición a la democracia no será ni fácil ni plena. Si vence todos los obstáculos, lo más a lo que llegará es a restablecer la Constitución chavista, ideada para perpetuar el poder del fenecido espadón.

Además, los restos del Estado están parcialmente en manos de otras dictaduras. Hay en Venezuela 30.000 agentes cubanos, a los que hay que sumar otros dos millares y medio reciéntemente expulsados de Brasil; una gran contribución de Bolsonaro a la democracia brasileña. Tres de cada cuatro dólares de armamento vendidos en el continente por Rusia proceden de Venezuela. Su deuda exterior, metonimia de los recursos petrolíferos del país, está en manos chinas. El resto del Estado pertenece a un cártel de la droga, que no cederá su negocio sin derramar sangre. Lo más despreciable de Oriente Medio está también incrustado en el país. En esas condiciones, reconstruir la democracia no va a ser fácil.

Pero el pueblo venezolano lo desea, y la comunidad internacional no aceptaría una dictadura no chavista. Confiemos en los anhelos de libertad y prosperidad del pueblo venezolano.

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