Jordi Bernal

El golpe de un tal Erdogán

A los turcos los descubrí  leyendo a Byron. Tenía diez años y husmeaba en los manuales de literatura bachiller de mi hermano mayor,  mi hermano David, que en el polvo de estrellas esté y nunca deje de acompañarme. Byron, mi admirado poeta Byron, niño pijo, pervertido y cojo, montó una especie de desembarco de Normandía en cutre a favor de los griegos y contra el imperio moro de los turcos. La cosa se torció, y “el bardo inglés” (leo de memoria el cursi sintagma de aquellos manuales naufragados) murió menos heroico de lo que a los niños mitómanos de cine sesión continua Hollywood nos hubiera hecho felices. Al fin y al cabo, la infancia es una edad de victorias. Incluso para los nietos de la derrota.

Opinión

El golpe de un tal Erdogán
Jordi Bernal

Jordi Bernal

Periodista a su pesar y merodeador de librerías y cines. Autor del libro de crónicas Viajando con ciutadans (Ed. Triacastela, 2015)

A los turcos los descubrí  leyendo a Byron. Tenía diez años y husmeaba en los manuales de literatura bachiller de mi hermano mayor,  mi hermano David, que en el polvo de estrellas esté y nunca deje de acompañarme. Byron, mi admirado poeta Byron, niño pijo, pervertido y cojo, montó una especie de desembarco de Normandía en cutre a favor de los griegos y contra el imperio moro de los turcos. La cosa se torció, y “el bardo inglés” (leo de memoria el cursi sintagma de aquellos manuales naufragados) murió menos heroico de lo que a los niños mitómanos de cine sesión continua Hollywood nos hubiera hecho felices. Al fin y al cabo, la infancia es una edad de victorias. Incluso para los nietos de la derrota.

Bien. La cuestión es que poco sé (ni me importa) de los turcos. Está Cervantes dando guerra, pero también Antonio Gala resumido visualmente por Vicente Aranda y con Ana Belén cumpliendo exigencias onanistas.

Para los tolerantes y toreados europeos –nosotros- era el culo de botella entre occidente y oriente. Un peaje pesado aunque necesario. Y el amigo americano por geopolítica global. Recomiendo leer el ladrillo “Diplomacia” de Kissinger. Ahí se comprende la trascendencia de ese país de vendedores de alfombras y enemigos de caballeros españoles. El reino de los cielos.

Y Erdogán bien lo sabe. El taimado Erdogán. Tanto es así que se está comportando como el enésimo dictadorzuelo chulapón y déspota. Tirando de la debilidad de Europa y del pasotismo (a-mí-que-me- registren) yanqui.

Estoy de acuerdo con el escritor Juan Abreu: “Hay que decirlo. Lo más probable, visto lo visto, es que el golpe lo organizara el propio Erdogán”.

No lo sabemos a ciencia cierta, of course. Pero sí que tenemos la certeza de que el tiranillo moreno ha sido el máximo beneficiario. Nosotros, en todo caso, seguiremos leyendo a los poetas románticos ingleses prebrexit. Flácidos y callados europeos. Amigos americanos del católico Graham Greene.

Y señalaremos a Erdogán como uno de los malos a vencer.

 

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